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escrito por Administrator   
domingo, 13 de febrero de 2005

Descripción Del Dogma Católico De La Infalibilidad Papal

La Iglesia Católica enseña, sobre la infalibilidad del papa...

¿Es también infalible el Papa? Sí, el Papa es también infalible, es decir, que no puede errar cuando, desempeñando su misión de Pastor Supremo, define que una doctrina, referente a la fe o a las costumbres, debe ser creída por la Iglesia universal. La infalibilidad del Soberano Pontífice está fundada en las promesas mismas de Jesucristo a San Pedro y, por consiguiente, a sus sucesores: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella." (S. Mat., XVI, 18). Y también: "Yo he rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca; y tú cuando estés afianzado, confirma a tus hermanos en la fe." (S. Luc XXII, 32).
No se trata aquí de la infalibilidad absoluta y universal, la cual es propia sólo de Dios, sino de que el Papa, cabeza de la Iglesia, no puede equivocarse o errar cuando define solemnemente verdades de fe o de moral. Que el Papa haya de gozar de esta prerrogativa, es claro; pues Jesucristo en la persona de San Pedro, le dio poder para dirigir a todos los hombres por el camino de la verdad y de la vida; lo cual no podría hacerse si no conociera siempre infaliblemente ese camino.
El dogma de la infalibilidad del papa fue definido solemnemente por el Concilio del Vaticano (Apéndice II, 20), el 18 de julio de 1870; pero la Iglesia ha creído en él desde su fundación. Esta definición importantísima fue acogida con gran júbilo por la Iglesia entera, y después de las vacilaciones aisladas de unos cuantos católicos que no tardaron en reconocer su error, el dogma fue aceptado en su integridad según el espíritu mismo de la definición del Concilio.

Esta es la enseñanza de la misma Iglesia Católica, tal como se encuentra en Doctrina Cristiana. Curso Superior (Editorial Progreso, S.A.; México, D. F.), página 89, en su edición de 1987, y que goza del imprimátur concedido por el entonces cardenal de México, Miguel Darío Miranda Gómez. El citado Concilio Vaticano de 1870, lo define así:

"Enseñamos y definimos que es un dogma divinamente revelado que el Pontífice Romano, cuando habla ex cathedra, o sea, cuando encargado de su oficio de pastor y doctor de todos los cristianos, en virtud de su autoridad apostólica suprema, define una doctrina relacionada con la fe y la moral para ser sostenida por la Iglesia universal, por la asistencia divina prometida a él en el bendito Pedro, es poseedor de esa infalibilidad con la que el divino Redentor quiso que Su Iglesia fuera envestida para la definición de doctrinas concerniente a la fe y la moral, y que, por lo tanto, tales definiciones del Pontífice Romano de ellos mismos -- y no en virtud del consentimiento de la Iglesia-- son irreformables."

Y a esta declaración le sigue la correspondiente sentencia de maldición a los que no se adhieran a dicho dogma:

"Empero si alguno --Dios no lo permita-- presume contradecir esta nuestra definición: ¡Sea anatema [maldito]!" (Citado en Roman Catholicism por Loraine Boettner. The Presbyterian and Reformed Publishing Company: Phillipsburg, New Jersey, U.S.A. 1987, página 235)

Es necesario aclarar, para información tanto de católicos, como no católicos, que la infalibilidad papal no se refiere a que todo lo que hace o dice el Papa católico es infalible; sino que la infalibilidad se extiende solamente a declaraciones en cuestiones de "doctrina y moral" hechas ex-cathedra, o sea, sentado en la silla papal y ejerciendo su oficio de jefe de la Iglesia (católica), como más o menos lo explica la citada obra de Doctrina Cristiana católica. Lo que sí necesita ser analizado y discutido, es la atrevida aseveración de que la Iglesia ha sostenido este dogma desde su inicio, que algunos dudaron en aceptarla al principio de su promulgación, pero que luego se retractaron reconociendo su error. Además de aclarar los puntos anteriores, será necesario analizar cómo ha puesto en práctica la Iglesia Católica dicho dogma; y finalmente, será necesario demostrar con la Escritura la validez del mismo.

El Ejercicio de la Iglesia Católica de la Infalibilidad Papal

Uno pensaría, que con un poder tan magnificente, v. gr., de poder pronunciar sentencias en relación a "fe y moral", y de dirigir a todo hombre por el camino del bien, en forma infalible, de parte del "sucesor" de San Pedro, que toda cuestión de esta índole, a partir de la institución oficial del dogma de la infalibilidad papal en 1870, habría quedado resuelta desde entonces; y que a partir de dicha fecha también, cientos, por no decir miles, de declaraciones hechas por el Papa ex-cathedra, deben haber existido, y por lo tanto, guiado, a la humanidad entera en una unicidad armoniosa, en donde la controversia, la adversidad, las diferencias de opinión, la violencia, la intolerancia, y la ignorancia fanática religiosas han sido totalmente desconocidas.
Todo lo opuesto es cierto. A partir de 1870 a la fecha, es cuando el mundo ha presenciado una proliferación desmedida de sectas, doctrinas, y religiones enteras, como nunca jamás fue visto en la historia de la humanidad. Nunca antes se vio tal disparidad y divergencia de opiniones en cuanto a "fe y moral". Nunca antes presenció el mundo tal intransigencia e intolerancia religiosas como las que se han visto en las últimas décadas; y nunca antes la humanidad se vio tan desprovista de liderazgo espiritual y político, capaces de refrenar el odio del hombre, y de guiar a puerto seguro a la raza humana. Dos guerras mundiales son ahora los testigos mudos, y al mismo tiempo, rotundamente sonoros, de la ausencia de la práctica de algo que se asemeje siquiera a lo que la Iglesia Católica llama "Infalibilidad Papal".
Ausencia de liderazgo espiritual, y la ausencia de pronunciamientos ex-cathedra son más bien el legado de la humanidad a partir de 1870. Ningún papa, desde entonces, hasta recientemente (en 1950 para ser exactos), se aventuró a calificar como declaración infalible papal dogma católico alguno; excepto, quizá, el dogma de la Asunción de María en 1950, por el Papa Pío XII. Ningún papa ha querido correr el riesgo de pronunciarse a favor o en contra de las corrientes filosóficas que han moldeado el pensamiento del hombre en el siglo XX. Sólo se han limitado los papas a emitir encíclicas, pero no declaraciones infalibles. La verdad es que ni los católicos sinceros saben cuáles de los dogmas enseñados por su Iglesia, se pueden considerar infalibles, ni cuáles no.
Contrario a lo que el autor del catecismo citado arriba, que dice, refiriéndose a la infalibilidad papal, que "...esta definición importantísima fue acogida con gran júbilo por la Iglesia entera" los teólogos y eruditos católicos han repudiado más bien la noción contra naturaleza de que un hombre falible pueda emitir sentencias infalibles, no importa en la silla de quién esté sentado. A pesar de los intentos, previos al referido Concilio Vaticano I de 1870, de parte del papa, de preparar al Episcopado (cuerpo eclesiástico consistente de los obispos y cardenales convocados a un Concilio para dirigirlo), para que recibiera sin discusión el nuevo dogma que se propondría; a saber: de la Infalibilidad Papal, la oposición no se hizo esperar, aún durante el Concilio mismo. El obispo Strossmayer se levantó valientemente en medio del Concilio y expuso las razones por las que no se podía aceptar una idea así (el discurso completo se incluye en la presente edición de APOLOGA, en la página 7.).
En medio de no poca oposición, entre otras cosas, el obispo Strossmayer señaló que en los días de los apóstoles no hubo papa; que en el Concilio de Jerusalén no fue Pedro quien presidió, sino Santiago; que respecto a la primacía de Pedro, él mismo nunca la reclamó; que Agustín, padre de la Iglesia Católica, y eminente autoridad teológica, enseñó que la frase de Cristo; "sobre esta roca edificaré mi Iglesia" se refería a la declaración de Pedro de que Jesús era el Cristo, y no a Pedro mismo; que varios papas tomaron la silla papal por la fuerza o por dinero; y que en general, la historia testificaba fuertemente en contra del dogma de la Infalibilidad Papal, y que la historia no se podía volver a escribir, respecto a los errores en "fe y moral" en que incurrieron los papas, algunos de los cuales fueron depuestos y calificados como herejes por Concilios posteriores.
No debemos pensar que el obispo Strossmayer estuvo solo en contra del dogma que venimos tratando, antes del voto final, por lo menos ochenta de los prelados más poderosos y representativos presentes en ese Concilio se abstuvieron de votar, 410 se pronunciaron a favor, pero 162 en contra. El Dr. Philip Schaff, notable historiador, da una lista de los más prominentes e influyentes en su History of the Vatican Council (Historia del Concilio Vaticano), páginas 74, 75 de la edición de 1875.
Otro opositor a tal dogma, el reconocido teólogo alemán católico, Dr. Ignaz Von Dollinger, quien había sido maestro de teología por 47 años, insistió en que los tres criterios principales en toda controversia: 1) universalidad, 2) antigüedad, y 3) acuerdo, estaban evidentemente ausentes en la promulgación del dogma. En 1871 escribió su Infalibilidad Papal, para exponer los errores del dogma; y en ese mismo año, fue excomulgado.
Tal oposición, y la ausencia total de un consenso y prueba de creencia, o práctica del dogma de la Infalibilidad Papal, no solamente durante, o después del Concilio de 1870, sino en cualquier tiempo de la historia de la Iglesia Católica, podrá calificarse de cualquier cosa, menos de que "...esta definición importantísima fue acogida con gran júbilo por la Iglesia entera", o de que "la Iglesia ha creído en él [el dogma] desde su fundación", como lo afirma el catecismo antes referido, y como la historia lo muestra. Un tratado breve de la historia en relación a este dogma se presenta en la siguiente sección.

Una paradoja enigmática En cuanto a la práctica, el dogma promulgado por el Concilio Vaticano I de 1870, produjo, en vez de resolver, más confusión y dudas respecto a dónde descansa realmente la autoridad final de la Iglesia Católica en cuanto a la fe y a la moral. El apologista jesuita, F. X. Weninger, en su Infallible Authority of the Pope (Autoridad Infalible del Papa), advierte que "discutir una cuestión ya decidida por un juicio irrevocable [declaraciones hechas por el Papa ex-cathedra], ni la fe ni la razón lo permite" (The Ratio Theologica, página 248); y que "El Santo Padre prácticamente se ha declarado a sí mismo independiente de cualquier Concilio General," y que "El papa descansa solamente sobre el poder absoluto en su propia persona." (op. cit., páginas 113, 115). Lo cual significa, que cualquier miembro del Episcopado, o aprueba incondicionalmente cualquier declaración papal, o es catalogado hereje (op. cit., páginas 195-195). Esta declaración, claramente demuestra innecesario cualquier otro Concilio general de la Iglesia Católica, ya que el papa, por su propia boca, podría definir cualquier doctrina. La perplejidad con que deja a uno dicho dogma, viene de las mismas definiciones de previos Concilios. Por ejemplo, en el Concilio de Constanza (1414-1418)

En las sesiones cuarta y quinta se adoptaron decretos declarando que el concilio que representa la Iglesia Católica, sostuvo su poder inmediatamente de Cristo Jesús, y que todos, aun el Papa mismo, estaban obligados a obedecerlo en todo lo concerniente a la fe, la extinción de cismas, y la reforma de la Iglesia en su cabeza y sus miembros. (A Catholic Dictionary, por Addis & Arnold, página 218, citado por J. B. Rowell en su Papal Infallibility, páginas 58, 59)

lo cual está en clara contradicción con el dogma propuesto en 1870 por el Concilio Vaticano I que se ha venido tratando en el presente artículo. Por eso, Dollinger, en su obra mencionada arriba, acertadamente advertía:

Los concilios serán superfluos en el futuro; los obispos se reunirán en Roma, sin duda, de cuando en cuando, para henchir la pompa de una canonización papal o alguna otra gran ceremonia, pero no tendrán nada que ver con el dogma. [...]
Si los obispos saben el punto de vista y la voluntad del papa en cualquier cuestión, será irrelevante e inútil que voten en contra. Una asamblea ecuménica, propiamente hablando, no podrá existir, en la presencia de un "ordinarius ordinariorum" y maestro infalible de la fe; aunque, por supuesto, la pompa, la ceremonia, los discursos, y el voto de un concilio podrá ser exhibido para ser visto por el mundo.[...]
Los obispos que han sido obligados a jurar "mantener, defender, aumentar, y hacer avanzar los derechos, los honores, los privilegios, y la autoridad de su Señor, el Papa (y todo obispo tiene que hacer este juramento) no pueden considerarse a sí mismos o por el mundo cristiano, como miembros voluntarios de un concilio. (Citado por Loraine Boettner, op. cit., pp. 247, 248).

La paradoja estriba entonces en que el dogma de Infalibilidad Papal tuvo que ser afirmado por un Concilio, pero la autoridad final descansa en el Papa solamente, entonces cualquier resolución conciliar debería ser nula, y por lo tanto, el dogma en cuestión se destruye a sí mismo, por haber sido pronunciado por un Concilio.

Breve Reseña Histórica sobre el Dogma de la Infalibilidad Papal

El origen del concepto de "Papa" "Papa", del latín, padre, como título fue dado por primera vez a Gregorio I por el perverso emperador Focas, en el año 604. Gregorio rechazó el título, pero su sucesor, Bonifacio III (607), gustosamente lo aceptó, y desde entonces ha sido la manera de designar al obispo de Roma. Debe aclararse aquí, que no siempre el obispo de Roma fue el que tuvo el primado; en varias ocasiones, la supremacía la tuvo el obispo de alguna otra sede, como Constantinopla, etc. El término Pontifex Maximus, "Sumo Pontífice", no es de origen bíblico, sino pagano. "Pontífice" era el título que llevaban los sacerdotes en la religión pagana de Roma, antes del cristianismo, y significa: "constructor de puentes". El emperador romano llevaba el título de Pontifex Maximus como sumo sacerdote de dicha religión por derecho, presumiendo así ser el constructor de un puente que conectaba esta vida con la del más allá. El catolicismo luego "cristianizó" el título. La Biblia dice que "hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres" (1 Timoteo 2:5)

La historia puede ser mal representada, o mal interpretada, o aun ignorada -- y de hecho, la Iglesia Católica hace todo lo anterior para sus propios fines -- pero no puede ser cambiada. Lo que ocurrió, ya ocurrió, y no se puede alterar. Trágicamente, para la credibilidad de la Iglesia de Roma, la historia es un testigo mudo de su arbitrariedad al promulgar un dogma tan descabellado como lo es la Infalibilidad Papal. Veamos:

Contradicción entre Concilios y/o Papas Además de la contradicción entre el Concilio de Constanza y el Vaticano I sobre dónde descansa la autoridad final en fe y moral (citado arriba), el Dr. Dollinger, menciona que

Inocente I y Gelasio I, el primero escribiendo al Concilio de Milevis, el segundo en su epístola a los obispos de Picenum, declararon que era tan indispensable que los infantes recibieran comunión, que los que murieran sin ella, irían directo al infierno (S Agus. Opp. II. 640; Concil. Col. [ed. Labbé], IV. 1178). Mil años después, el Concilio de Trento anatemizó [condenó] esta doctrina. [...]
Es la enseñanza constante de la Iglesia que la ordenación recibida de un obispo, sin importar su dignidad o indignidad, es válida e indeleble. . .la re-ordenación siempre ha sido opuesta en la Iglesia como un crimen y una profanación del sacramento . . .Desde el siglo dieciocho, la ordenación de ciertos papas empezaron a ser anuladas, y los obispos y los sacerdotes ordenados por ellos fueron forzados a ser re-ordenados. . . Pero el caso más fuerte ocurrió al final del siglo IX, después de la muerte del Papa Formoso, cuando el rechazo continuo de sus ordenaciones puso a toda la Iglesia italiana en la mayor confusión y produjo una inseguridad general sobre si había sacramentos válidos en Italia . . . Los papas y los sínodos decidieron en clara contradicción unos contra otros, ora a favor, ora en contra, sobre la validez de las ordenaciones, y era evidente que en Roma, se había perdido todo conocimiento seguro sobre la doctrina de la ordenación. (Infalibilidad Papal, por Dollinger; pp. 51, 52. Citado por Rowell, op. cit., pp. 61, 62)

El Dilema del Concilio de Constanza Al contrastar el Concilio de Constanza (1415) con el Vaticano I (1870), la Iglesia romana es confrontada con un indisoluble dilema, porque el Concilio de Constanza fue convocado precisamente para deponer a papas indignos, para poner a otro que si fuera digno; y al hacerlo, claramente definió que un concilio es sobre todos los obispos, incluyendo al papa, en materia de fe y moral. Por otro lado, como ya se mostró antes, el Concilio Vaticano I estableció exactamente lo opuesto; v. gr., que el papa es sobre todos, e infalible, en materia de fe y moral. Echemos un vistazo más detallado a los pormenores de este dilema: El Dr. Harris recopiló los eventos que circundaron al Concilio de Constanza:

En los años 1300's, los papas se mudaron a Avignon, Francia, y durante setenta años, fueron manifiestamente al servicio de los reyes de Francia. Esto es lo que ha sido llamado "La Cautividad Babilónica" del papado. Después de esta época, Gregorio XI regresó a Roma. Su sucesor, Urbano VI (1378-1389) hizo una promesa, con tal de ser elegido, de que volvería a Francia, pero las promesas para elección no siempre son cumplidas, y luego rehusó volver. Los franceses entonces anularon esa elección y la catalogaron de ilegal, así que nombraron a un papa rival, Clemente VII (1378-1394). Este cisma continuó hasta que se convocó un Concilio en Pisa en 1409 que depuso a ambos paras rivales y eligieron a uno nuevo, Alejandro V (1409-1410). Los papas rivales rehusaron aceptar el concilio y así aparecen tres papas en escena. Después de la muerte de Alejandro V, fue sucedido por Juan XXIII, a quien los católicos romanos no reconocen, y cuyo nombre el actual papa ha tomado [este artículo fue escrito en 1958, cuando el Papa Juan XXIII moderno estaba en la sede papal] para mostrar la ilegalidad del primer Juan XXIII. Los católico romanos no consideran al Concilio de Pisa como concilio ecuménico (o sea, que representaba a toda la iglesia). No obstante, la mayoría de ellos aceptan a Alejandro V a quien el concilio eligió ‘Hefele, Historia de los Concilios de la Iglesia, Vol. 1, p. 58). El Concilio de Pisa declaró que un concilio es superior al papa. El cisma continuó y el Concilio de Constanza (1414-1418) fue convocado. Este Concilio depuso a los tres papas y eligió a otro nuevo, Martín V (1417-1431)... El Concilio de Constanza también declaró que un concilio es superior al papa, y por eso depuso a tres papas de una vez. Hefele, una de las autoridades más conocidas católico romanas, toma la extraña posición de que las primeras cuarenta sesiones del concilio no fueron ecuménicas, pero las sesiones 41-45. presididas por Martín V, a quien ellos habían elegido, sí fueron ecuménicas. Martín procedió a confirmar todos los decretos de las primeras cuarenta sesiones, excepto aquellas que minimizaban el papado. Y es aquí donde el papa afrontaba el dilema. Si las primeras sesiones eran válidas, el concilio estaba sobre el papa. Si no, los otros papas no habían sido depuestos y ¡Martín V no había sido elegido legalmente! El Concilio Vaticano I (1870) declaró: "Yerran del curso correcto los que afirman que es legal apelar de un juicio del Pontífice Romano a un concilio ecuménico, como autoridad más alta que la del Pontífice Romano." Esto es maravilloso. El papa es mayor que el concilio. ¡Así lo hizo el Concilio Vaticano! Pero un concilio anterior, igual de regular, le había negado serlo (Artículo, El Reportero Presbiteriano Bíblico, Dic., 1958. Citado por Boettner, op. cit., pp. 241-242)

Y este es el dilema: que si el Concilio de Constanza fue realmente ecuménico, y por lo tanto, válido, entonces sus pronunciamientos de que un concilio es superior al papa debe prevalecer, y estaría en franca contradicción al dogma de Infalibilidad propuesto por el Concilio Vaticano I. Si el Concilio de Constanza no fue legal, entonces Martín V, no fue un papa legalmente elegido, los papas depuestos por este concilio tendrían que ser reconocidos como verdaderos papas; y de una u otra manera, la teoría católica de la Sucesión Apostólica es echada por tierra.

Los mismos historiadores católicos escriben sobre sus Papas "infalibles" La Iglesia Católica afirma que ha habido una cadena ininterrumpida de papas desde Pedro, hasta el actual Juan Pablo II. La lista, y la correspondiente fecha de oficio papal de cada obispo de Roma, han sido cambiadas muchas veces, y sólo tiene uno que consultar catecismos católicos modernos y antiguos para observar la disparidad tanto en los nombre de los papas, como en las fechas de su pontificado. Aun así, la Iglesia romana tiene la audacia de declarar que tal lista de papas, es una "lista distinguida de hombres sacro santos . . . unidos a la Iglesia con Cristo . . . y que constituye el Título de la Iglesia Católica. . . la verdadera Iglesia de Cristo Jesús en la tierra" (The Test. Publicado por la Sociedad de Información de la Iglesia Católica, Nueva York; página 4). He aquí la descripción, por historiadores católicos mismos, de estos "sacro santos" hombres:

DAMASCO I. 366 tuvo que pelear por su sucesión, y en la misma Iglesia, muchos murieron de ambos lados. La elección se decidió, no por votos, sino por la fuerza de las armas. --Platina, de Vita Damasi I. chr. 366; también en Fables Respecting the Popes of the Middle Ages, pp. 187-8, 1871, del Dr. Dollinger.
SERGIO III. 904-- De Sergio, Labbe y Cossart, vol. ix., col. 517 declara: "ese maldito Sergio, esclavo de todos los vicios, y el más perverso de todos los hombres . . . y lo que es maravilloso, Sergio fue tal, y para sacrilegio maldito, aumentó la más sucia falta de castidad. . .no obstante, todos los fieles. . . siguieron a la Iglesia romana con tal honor y reverencia, que a quien escuchaban sentado en la silla, papa sólo de nombre. . .lo adoraban como a Pedro."
PAPA JUAN X. 915, hijo natural del Papa Sergio III, "fue hecho Papa, o más bien, falso Papa." "La más impúdica ramera, Teodora, estando inflamada vehementemente con la belleza de su apariencia, hizo que lo pusieran en el cuarto del Papa Lando. . El cual era un hombre inmoral, ejerciendo el puesto, por el poder de la prostituta de Roma, fue declarado falso Papa y usurpador inicuo de la Sede" Vidas de los Papas, por Platina. Londres, página 245. Labbe y Cossart, vol. ix., col. 569, 571
PAPA JUAN XII. 956 -- Este papa, elegido a la edad de 18 años, hijo del Papa Sergio III. Las iniquidades de Juan XII habían llegado a ser tan notorias que se emitió una comisión imperial en Roma para investigar su conducta. La comisión reportó al Emperador que la reputación del Papa Juan en esa ciudad estaba envilecida por el peso del vicio y la deshonestidad. . . Se le acusó de incontinencia, impiedad, fraude, y negligencia de sus deberes sagrados; fue descrito como un monstruo que no podía ser rescatado por virtud alguna, que no era apoyado por ningún partido, ni en la Iglesia o el Estado; el Palacio Papal se había convertido en un burdel" -- Cathedra Petri, de Greenwood, b. viii., c. iii., p. 475 ; Labbe y Cossart, vol. ix., col. 641.
SILVESTRE III. 1044 "El papado estaba ahora en tal estado para el que fuera más ambicioso y diera más dinero por él" -- Vidas de los Papas, por Platina. Londres, página 271.
PAPA DMASO II. 1048 "Tomó la silla papal por la fuerza, sin ningún consentimiento del clero o la gente. Tan profundas raíces había echado esta costumbre licenciosa, que cualquier individuo ambicioso se atrevía a invadir la Silla de San Pedro" -- Vidas de los Papas, por Platina. Londres, página 273.
PAPA BONIFACIO VIII. 1294 -- El primer acto de este papa fue cometer la injusticia más cobarde al pobre ermitaño, ex-papa, su predecesor, Celestino V. Hizo que lo capturaran mientras estaba en su lugar de retiro en Abruzzi, que lo encarcelaran en el Castillo de Francone, en Campania, e hizo que lo encerraran en un insalubre calabozo, tan angosto, que casi ni podía estirarse completamente, y allí murió -- Raynaldi, an. 1295, p. 174.
PAPA GREGORIO XII. 1415 -- Disputó con sus cardenales, quienes lo abandonaron, y su unieron a la oposición y emitieron unmanifesto en el que designaron a Gregorio como el "precursor del Anticristo, un bribón, tramposo, borracho, loco, y esclavo de todas las pasiones de la carne, etc. y lo declararon indigno del pontificado" -- Hist. de Concl. de Pisa, por Lanfant, liv. ii., pp. 199, 200.
PAPA LEO X. 1513 "Él fue, sin lugar a discusión, adicto al placer, el lujo, la ociosidad, la ambición, la falta de castidad, y a la sensualidad" -- Hist. de Bruy, iv. 417. (Estas citas, tomadas de Papal Infallibility, de Rowell, pp. 43, 44; citado anteriormente)

Los reconocidos historiados de la Iglesia Católica, al referirse a los hechos atroces de algunos papas, solamente se han limitado a decir que sus hechos "son demasiado sucios para ser traducidos, o aun volver a imprimirlos en el Latín original" (Diario de Burchard, p. 77, Han., 1696). Y para despejar toda duda de que son los enemigos de la Iglesia de Roma, los que hacen falsas acusaciones a sus "santos padres", escuche lo que el cardenal católico Baronio escribió:

Para vergüenza y pena nuestras, sea dicho, ¡cuántos monstruos tan horribles para ser contemplados fueron introducidos por ellos en esa sede tan reverenciada por los ángeles! ¡Cuántos males se originaron con ellos, cuántas tragedias fueron perpetradas! ¡Con qué inmundicia fue su suerte [la de la silla papal] rociada, la cual era sin mancha ni arruga, con qué hedor fue infestada, con qué impurezas fue contaminada!, y por estas cosas ser ennegrecida con infamia perpetua -- An. 900, p. 7., tom. x. Antwerp, 1630.

La Doble Personalidad del Papa Por supuesto, que la Iglesia Católica tiene respuesta para esta embarazosa cuestión y mucho más. El Rvdo. W. Devivier, en su libro de texto jesuita, Apologética Cristiana -- Una Exposición Racional de los Fundamentos de la Fe, defiende los hechos atroces de los papas de la siguiente manera:

Los papas mismos, a pesar de su eminente dignidad y obligaciones onerosas que de ella emanan, no cesan de ser hombres; si son infalibles en cuanto a la enseñanza doctrinal (n. 384), no son impecables o incapaces de pecar. Ellos pueden, por lo tanto, caer, como San Pedro mismo cayó, pero su pecado es el acto del hombre, pero no del Pontífice; estas manchas, son absolutamente personales, y no contaminan la santidad ni la autoridad de la Sede Apostólica. (p. 113)

Podrá esto ser así de acuerdo al dogma católico, pero la Biblia dice que por sus frutos los conoceréis (Mat. 7:20). Si la Iglesia Católica quiere permitir este doble estándar en su líder, está bien con el resto de nosotros, pero por favor, no se le llame Su Santidad. A pesar de la contundente evidencia histórica en contra del dogma de la Infalibilidad Papal, el catecismo católico, tiene el atrevimiento de declarar que:

Es necesario reconocer que, si en la historia del papado, desde el día del Pentecostés hasta el momento presente, se pudiera citar un solo caso en el que un acto ex-cathedra (o decisión) de un papa ha contradicho otro acto (o decisión) ex-cathedra de otro papa, o de un Concilio General (o de una evidente verdad escritural), tal hecho sería absolutamente fatal para el dogma de infalibilidad. Pero tal caso no existe y no puede ser hallado. Los enemigos de la infalibilidad han escudriñado la historia por todas partes, con ojos de lince han examinado los hechos de los papas y los concilios por dieciocho siglos, pero sin éxito (Rvdo. W. Devivier, op. cit., vol. ii., p. 764)

Tal aseveración, suena tan contundente, debería convencer a cualquiera de que las afirmaciones y ostentaciones de infalibilidad del papa romano son ciertas. Sin embargo, la historia dice otra cosa. No hay un sólo caso de contradicción entre papas y concilios; hay literalmente cientos, de los cuales se mencionan unos cuantos a continuación:

Después de su muerte, el Papa Honorio I fue acusado como hereje por el Sexto Concilio, en el año 680. El Papa León confirmó su condenación. [...]
El Papa Virgilio, después de condenar varios libros, retiró su condena; luego los volvió a condenar y una vez más volvió a retirar la condena, para más tarde volverlos a condenar. [...]
El duelo [por los muertos] fue autorizado por el Papa Eugenio III 91145-1153). Pero más tarde, el Papa Julio II (1509) y Pío IV (1506) lo prohibieron. En el siglo XI, había tres papas rivales al mismo tiempo. Todos éstos fueron depuestos por el concilio convocado por el emperador Enrique III. Más tarde, durante el mismo siglo, Clemente III se opuso a Víctor III e incluso a Urbano II [...]
Vino luego el gran caos, en 1378, que duró 50 años, cuando los italianos eligieron a Urbano IV y los cardenales franceses escogieron a Clemente VII. Estos papas se maldijeron año tras año hasta que un concilio depuso a ambos y escogieron a otro.
El Papa Sixto V hizo preparar una versión de la Biblia, la cual declaró como auténtica y muy fiel; pero dos años más tarde, Clemente VIII declaró que estaba llena de errores y ordenó hacer otra.
Gregorio I rechazó el título de «obispo universal» por considerarlo pagano, «profano, supersticioso, orgulloso e inventado por el primer apóstata». Aún así, a través de los siglos, otros papas han reclamado este título. [...]
El Papa Adriano II (867-872) declaró el matrimonio civil como válido, pero el Papa Pío VII (1800-1832) lo condenó como no válido.
El Papa Eugenio IV (1431-1447) condenó a Juana de Arco a ser quemada por bruja. Más tarde, en 1919, Benedicto IV la declaró santa. (Babilonia, Misterio Religioso, por Ralph Woodrow Evangelistic Association; Riverside, Cal., páginas 156-157)

Con toda evidencia de contradicciones, ¿cómo se puede reclamar infalibilidad para hombres mortales falibles, si muchos de ellos mismos la negaron? Virgilio Inocencio la negó, Clemente IV la negó, Gregorio XI la negó, Adriano VI la negó y Paulo IV la negó. ¿Podrían estos papas negar la infalibilidad, y aún así, ser infalibles? Quizá fueron infalibles, pero no lo supieron. ¡Qué absurdo! Si una evidencia de contradicción papal es suficiente para que el dogma sea fatal, dos son demasiadas; y los mismos historiadores católicos han demostrado que existen muchas más de dos. No obstante, la historia es solamente uno de varios testigos que se levantan en contra del dogma. La razón y las Escrituras mismas lo hacen también, y son expuestas más adelante.

Dos catecismos Otra evidencia embarazosa para la Iglesia que sostiene infalibilidad para su líder, es su mismo catecismo. Antes de 1870, el catecismo de Keenan decía: "¿No deben creer los católicos que el papa en sí mismo es infalible? Esta es una invención protestante; no es un artículo de la fe católica; ninguna decisión de él puede obligar, bajo pena de herejía, a menos que sea recibida y puesta en vigor por el cuerpo que enseña, o sea, los obispos de la iglesia" (Un Catecismo Doctrinal, por Keenan, p. 305). El mismo catecismo, después de 1870 silenciosamente elimina dicho párrafo, sin ninguna explicación, ni comentario. (Boettner, op. cit., p. 243).

La Refutación Bíblica de la Infalibilidad Papal

La Primacía de Pedro El dogma de Infalibilidad Papal es un paso más allá de otro dogma más antiguo, el de la primacía de Pedro y su sucesión como "jefe de la Iglesia" en Roma. En realidad, toda la gran estructura de la teología católica está edificada sobre la suposición de que Cristo nombró a Pedro el jefe de Su Iglesia en Mateo 16:16-18. El catecismo católico de Nueva York enseña que...

El papa toma el lugar de Jesucristo en la tierra... Por derecho divino el papa tiene poder total y supremo en fe y moral sobre todos y cada pastor y su rebaño. Él es el verdadero Vicario de Cristo, la cabeza de toda la iglesia, el padre y maestro de todos los cristianos. Él es el gobernador infalible, el fundador de los dogmas, el autor de y el juez de los concilios; el gobernador universal de la verdad, el árbitro del mundo, el juez supremo del cielo y la tierra, el juez de todo, siendo juzgado por ninguno, Dios mismo en la tierra." (Boettner, op. cit., p. 127)

Ya citamos arriba a uno de los principales exponentes de la teología católica, y padre de la Iglesia, San Agustín, en lo relativo a la declaración de Cristo sobre la piedra sobre la cual edificaría Él su Iglesia, que la base sobre la que Cristo edificaría su Iglesia era sobre la declaración de Pedro de que Él, Jesús, era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Pero para quien piense que este es un caso débil y aislado que no refuta la supremacía de Pedro sobre todos los demás, consideremos las declaraciones y evidencia en la Escritura, alrededor de la persona del apóstol Pedro.

La Enseñanza Bíblica sobre la Primacía Papal

1. Pedro nunca reclamó esa supremacía, ni tampoco hay evidencia en la Biblia de que los demás discípulos se la hayan reconocido.
2. Santiago, el hermano del Señor, no Pedro, fue el que presidió el Primer Concilio de la Iglesia (Hechos 15).
3. Pedro es enviado a Samaria a predicar por los apóstoles en Hechos 8:14. Se puede alguien imaginar en tiempos modernos que el "jefe de la iglesia" fuera mandado por sus subalternos?
4. En el mismo concilio de Hechos 15, ya citado, en el versículo 14 se habló de él como Simón a secas, pero no como "Santo Padre", o "Sumo Pontífice".
5. Pablo lo reprendió públicamente por su hipocresía en Gálatas 2:11-14.
6. En 1 Corintios 12:28 el orden jerárquico descrito por Pablo es: primero los apóstoles, luego los profetas, y al final los doctores (maestros). No hay mención alguna de supremacía de alguno de los obispos sobre los demás.
7. Pedro rehusó homenaje de los hombres en Hechos 10:25,26
8. Él nunca vivió en Roma, sólo murió allí como mártir.
9. Fue casado.
10. Cristo prohibió que se le llamara "padre" a nadie en la tierra (excepto, obviamente a su propio padre natural; Mateo 23:9)
11. Sobre todo, en sus epístolas, claramente establece que la roca sobre la cual está erigida la Iglesia es Cristo mismo ( 1 Pedro 2:4-6); y en el resto de las mismas, no hay ni rastro de que él reclamara supremacía alguna (Ver también el contraste que se hace en la página 9 entre el papa y Pedro, en este número de APOLOGA).
12. Cristo enseñó que el que quisiera ser el mayor, tendría que ser el siervo de todos, y aun así, su supremacía no sería en la tierra, sino en el cielo:
En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. (Mat. 18:1-4),

CONCLUSION

¿Dónde está la base sólida del dogma católico de la Infalibilidad Papal? No hay ni rastro de prueba lógica en tal enseñanza, o tan atrevida afirmación. La Palabra de Dios, la refuta; la evidencia contundente de la historia se opone a ella; y los eminentes eruditos católicos se han opuesto a ella en forma contundente y decidida. Queda, por tanto, proponer a toda mente imparcial, las siguientes...

Preguntas Pertinentes que Demandan una Respuesta Rowell, en su obra ya citada, propone las siguientes preguntas:

1. A la luz del hecho de que hay abundante evidencia de muchos errores y contradicciones de parte de los papas, ¿cómo puede ser consistente que un libro de texto jesuita atrevidamente afirme que: "La fe, confiada a la Sede Apostólica, siempre se ha preservado inmaculada... ya que la Sede Apostólica tiene como acto de fe que nunca ha errado" (Defensa de la Iglesia Católica, por Francis X. Doyle, p. 266)?
2. ¿Por qué estuvo la doctrina de la transustanciación en disputa durante cuatrocientos años, antes de que fuera finalmente aceptada como artículo de fe en el Cuarto Concilio Laterano (1215), si los papas son infalibles?
3. La doctrina de la inmaculada concepción fue declarada "una doctrina revelada por Dios", en 1854, por la bula Ineffabilis Deus, del Papa Pío IX. La pregunta es ¿por qué fue esta doctrina sujeta a discusión, y contienda, durante setecientos años, si los papas son infalibles?
4. Ya que el Papa Gregorio I declaró que cualquiera que tomara el nombre de Obispo Universal era el Anticristo, ¿cuál es la posición de los papas modernos que llevan ese título?
5. Si los papas han sido infalibles desde el principio, ¿por qué se necesitó el Concilio Vaticano de 1870 para que lo definiera como doctrina? (Rowell, op. cit., p. 63)

Usted, amigo lector, puede escoger aceptar dicho dogma si así lo prefiere; los cristianos, en cambio, preferimos aceptar lo que la Palabra de Dios dice:

Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y T ERES EXCELSO SOBRE TODOS. (1 Crónicas 29:11)

Modificado el ( lunes, 04 de septiembre de 2006 )
 
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