Iglesia Bautista Bíblica Murcia
Inicio arrow Mormones arrow El Purgatorio: Un Lugar de la Segunda Oportunidad
Menú Principal
Inicio
Noticias
Enlaces
Contacto
Buscar
Fotos de la iglesia y actividades
Ubicación
Horario de Cultos
Ministerios y Misiones
Oferta gratuita de Dios
Noticias Cristianas
Artículos
Conozca Las Iglesias Bautistas Independientes
¿Qué es La Salvación?
Apología
Bautistas
Biblia
Carismáticos
Católicos
Crecimiento de los protestantes españoles
Familia
Mormones
Sectas
Testigos de Jehová
A meditar...
Mejor es tratar algo y fallar, que no tratar ninguna cosa y tener éxito.
 
El Purgatorio: Un Lugar de la Segunda Oportunidad PDF Imprimir E-Mail
escrito por Administrator   
domingo, 13 de febrero de 2005

El World Almanac and Book of Facts proporciona el dato de que de los 4,923,334,680 habitantes del mundo (en 1987) 900,545,840 eran católicos romanos; o sea, el 18.3 % de la población total del mundo. Casi una quinta parte de la población del planeta, seguidos solamente por los musulmanes, quienes constituían el 17.1 % de la población en ese año. Aunque la población del mundo ahora se cree que anda en 5,500 millones de habitantes, no erramos mucho si decimos que el porcentaje de personas que sostienen estas religiones permanece igual en este año.

Esta quinta parte de personas en el mundo creen, porque así han sido instruidos por su iglesia, que existe un lugar intermedio entre el cielo y el infierno que se llama "Purgatorio", y la gran mayoría de ellos, conocedores que no son merecedores de ir al cielo directamente al morir, cifran sus esperanzas en ir a tal lugar, como antesala del cielo, para purgar sus culpas, y poder ser así merecedores del cielo.

Piense en ello, casi una quinta parte de la población de este contaminado planeta espera ir a un lugar que se llama purgatorio. Lo dramático y trágico de esto, es que el resto del cristianismo nominal afirman que tal lugar no existe. Si es cierto que ese lugar existe, la inmensa mayoría de los cristianos iremos allá, pero, ¿qué pasará con los que esperan ir allá si ese lugar realmente no existe? Es necesario, entonces, que hagamos un estudio detallado del origen y fundamentos de esa vital enseñanza, que determinará el destino eterno de muchos.

¿Qué es el purgatorio?

Lo que primero viene a la mente al querer explicarlo, es responder a esta pregunta con un "¿quién sabe?", pero dejemos que la misma Iglesia Católica nos lo defina:

"Existe el purgatorio, o sea, un estado en el que las almas de los que murieron en gracia de Dios con el reato [obligación que queda a la pena correspondiente al pecado, aun después de perdonado] de alguna pena temporal debida por sus pecados, se purifican enteramente antes de entrar en el cielo." (Teología de la Salvación, por Antonio Royo Marin. Madrid: Editorial Católica, Biblioteca de Autores Católicos, 1956, pág. 402)

"Ya que la Iglesia Católica, instruida por el Espíritu Santo, siguiendo los escritos sagrados de la antigua tradición de los Padres, ha enseñado en los concilios sagrados, y muy reciéntemente en este concilio ecuménico, que hay purgatorio, y que las almas detenidas allí pueden ser auxiliadas por los sufragios de los fieles, y principalmente, por el sacrificio aceptable del altar, el santo concilio manda a todos los obispos que se esfuercen diligentemente para el fin de que la sana doctrina del purgatorio, transmitida por los Padres y los sagrados concilios, sea creída y mantenida por los fieles de Cristo, y enseñada por doquier y predicada. Las cuestiones más sutiles, y aquellas que no contribuyen a la edificación y para las cuales no hay, en la mayoría de los casos, un aumento en la piedad, deberán ser excluídas de la instrucción popular a la gente iletrada." (Los Cánones y Decretos del Concilio de Trento. Tan Books and Publishers, Inc. Rockford, IL; Imprimatur 1941, XXV Sesión, diciembre de 1563, página 214). "El Concilio Vaticano II, en la constitución dogmática Lumen gentium c.7 n.49, al describir la realidad eclesial en toda su amplitud, coloca al purgatorio como uno de los tres estados eclesiales: «Algunos de sus discípulos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican, mientras otros son glorificados» [...] En un contexto semejante al del n.49 del c.7 de la Const. dogmática Lumen gentium del Vaticano II, es decir, en una descripción de la realidad total de la Iglesia en el más allá, se inserta el tema del purgatorio en la Profesión de fe de Pablo VI: «Creemos que las almas de todos aquellos que mueren en la gracia de Cristo --sean aquellas que todavía han de ser purificadas por el fuego del purgatorio, sean aquellas que en seguida después de ser separadas del cuerpo son recibidas, como el Buen Ladrón, por Jesús en el Paraíso-- constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte, la cual será totalmente destruida en día de la resurrección, en el cual estas almas se unirán con sus cuerpos»." (Teología del Más Allá. Cándido Pozo. Madrid: Editorial Católica, Biblioteca de Autores Católicos, 1970, páginas 522-523) .

"El Concilio de Florencia definió:

«Además, si habiendo hecho penitencia verdaderamente, murieran en la caridad de Dios antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por los pecados de comisión y de omisión, sus almas, después de la muerte, son purificadas con penas purgatorias; y para ser librados de estas penas, les aprovechan los sufragios de los fieles vivos, a saber, los sacrificios de la misa, las oraciones y las limosnas, y otros oficios de piedad que suelen hacerse, según las instituciones de la Iglesia, por unos fieles en favor de otros fieles»: Denz. 693 (1304)" (Pozo, op. cit., pág. 521).

"El concilio de Trento definió la imperfección de la justicia del hombre, imperfección que proviene del reato de pena temporal, que debe ser reparado en esta vida o en la futura." (Pozo, op. cit., pág. 522).

En pocas palabras, así es como la Iglesia Católica define el purgatorio.

Fundamentos de la Doctrina del Purgatorio

El catecismo católico enseña que esta doctrina se basa en tres cosas: 1. Las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y la Tradición; 2. Las insinuaciones que de ella se encuentran en las Sagradas Escrituras; y 3. La razón.

Por Magisterio hay que entender lo que los oficiales de la Iglesia han establecido a través de decretos, bulas papales, encíclicas y documentos de los concilios; y se puede ver expuesta en las citas dadas anteriormente en la sección anterior, donde se define el purgatorio. Pero aquí se añaden algunas otras:

CONCILIO II DE LYN (1274): «Creemos que... los que verdaderamente arrepentidos murieron en caridad antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por sus comisiones y omisiones, sus almas son purificadas después de la muerte con penas purgatorias» (Denz. 464).

BENEDICTO XII (1336): «Por esta constitución, que ha de valer para siempre, con autoridad apostólica definimos: que, según la común ordenación de Dios, las almas de todos los santos que salieron de este mundo antes de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, así como las de los santos apóstoles, mártires, confesores, vírgenes, y de los otros fieles muertos después de recibir el bautismo de Cristo, en los que no había nada que purgar al salir de este mundo, ni habrá algo purgable en ellos, cuando después de su muerte se hubieren purgado..., estuvieron, están y estarán en el cielo..., donde vieron y ven la divina esencia... hasta el juicio y desde entonces hasta la eternidad» (Denz. 530).

CLEMENTE VI (1351): «Preguntamos si has creído y crees que existe el purgatorio, al que descienden las almas de los que mueren en gracia, pero no han satisfecho sus pecados por una penitencia completa» (Denz. 5708).

CONCILIO DE FLORENCIA (1439): «En el nombre de la Santísima Trinidad, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, con aprobación de este concilio universal de Florencia, definimos que por todos los cristianos sea creída y recibida esta verdad de fe, y así todos profesen que...

«... si los verdaderos penitentes salieron de este mundo antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por lo cometido y omitido, sus almas son purificadas con penas purificadoras después de la muerte» (Denz. 691-693).

LEON X (en su bula Exsurge Domine, de 1520): Condena, entre otras, la siguiente afirmación de Lutero:

«El purgatorio no puede probarse por Escritura Sagrada que esté en el canon» (Denz. 777). (Royo, op. cit., pág. 402)

La Tradición es todo aquello contenido en los escritos patrísticos, o sea, los escritos de los así llamados "Padres de la Iglesia"; y lo que ha sido la práctica de los "fieles" a través de los siglos, ya sea con autorización oficial de la Iglesia, o sin ella. La misma obra referida cita de la tradición (El énfasis dado en las citas está en el original):

TERTULIANO: «En el día aniversario hacemos oblaciones por los difuntos»
«Hasta el más pequeño delito tendrá que expiar el alma antes de resucitar, sin que esto obste a la plenitud de la resurrección gloriosa con el cuerpo»

SAN AMBROSIO DE MILAN: «Más que llorar, es necesario ayudarla con oraciones. no la entristezcas con tus lágrimas, sino encomienda más bien a Dios con oblaciones su alma»

SAN AGUSTIN: «Durante el tiempo que media entre la muerte del hombre y la final resurrección, las almas quedan retenidas en lugares recónditos, según es digna cada una de reposo o de castigo, conforme a lo que hubiere merecido cuando vivía en la carne. y no se puede negar que las almas de los difuntos reciben alivio por la piedad de sus pariente vivos, cuando por ellas se ofrece el sacrificio del Mediador o cuando se hacen limosnas en la Iglesia»

SAN ISIDORO DE SEVILLA: «Ofrecer el sacrificio por el descanso de los difuntos, rogar por ellos, es una costumbre observada en el mundo entero. Por esto creemos que se trata de una costumbre enseñada por los mismos apóstoles. En efecto, la Iglesia católica la observa en todas partes; si ella no creyera que se les perdonan los pecados a los fieles difuntos, no haría limosnas por sus almas ni ofrecería por ellas el sacrificio a Dios»

Los textos podrían multiplicarse indefinidamente. A través de ellos aparece clarsísima la fe de la iglesia en las purificaciones de ultratumba. (Royo, op. cit., pág. 409,410)

La enseñanza del purgatorio, según la Iglesia Católica, también se encuentra en las Escrituras, aunque la misma iglesia sostiene que solamente en forma sugerida o insinuada, porque no hay declaraciones contundentes y claras que describan el purgatorio, su duración, y la naturaleza de los castigos imputados allí. Los pasajes de la Escritura en que se basa esta doctrina, serán expuestos y analizados más adelante.

La Iglesia Católica reconoce también que una razón poderosa por la que se enseña tal doctrina es la lógica y la razón. Explican por ejemplo, que:

Hay, ante todo, una razón de conveniencia, accesible incluso a los incrédulos. El orden moral de la justicia, cuando es violado, exige una reparación. Si, pues, esta reparación, debida en justicia, no se hace antes de la muerte, debe ser hecha o sufrida después de esta vida; pero debe ser muy diversa para el que ha muerto en la injusticia sin arrepentimiento y para el justo que ha muerto sin haber pagado toda su deuda. [...] El argumento se ve confirmado por las tradiciones religiosas de muchos pueblos, egipcios, persas, babilonios, que hablan de diversas sanciones después de la muerte y antes de la felicidad celestial. (La Vida Eterna y la Profundidad del Alma. R. Garrigon-Lagrange. Madrid: Ediciones Rialp, 1960, página 234).

Se ve entonces, que la Iglesia Católica reconoce que en esto siguen la tradición pagana de otros pueblos.

¿Cómo es el Purgatorio?

Teniendo tantas bases en qué apoyar la doctrina del purgatorio, uno esperaría que estuviera perfectamente definida, pero desafortunadamente no es así. Los mismos teólogos católicos no han podido aún ponerse de acuerdo, y por lo tanto, la Iglesia Católica no se ha atrevido a emitir un dogma conciso y claro, oficial, sobre cómo es el purgatorio, cuánto tiempo duran las almas que van allí, si es un lugar literal o solamente un estado, cuál es la verdadera naturaleza de los sufrimientos allí, etc.

En cuanto a si el purgatorio es un lugar literal, dicen por ejemplo:

Como ya dijimos al hablar de las mansiones de ultratumba, las almas separadas no necesitan un lugar determinado, ya que, a diferencia de los cuerpos, no ocupan ningún lugar circunscriptivo. [...] El dogma del purgatorio puede, pues, salvarse perfectamente admitiendo un estado purificador del alma, sin referirlo a un determinado lugar. (Royo Marin, op. cit., pág. 415)

Y aunque Royo Marin aboga por el purgatorio como un estado, y no como un lugar literal, él mismo reconoce que ese no ha sido el punto de vista tradicional católico:

Sin embargo, como ya explicamos en aquel otro capítulo, la tradición cristiana ha concebido el purgatorio como un lugar determinado, como una especie de prisión donde las almas quedarían en cierto modo encadenadas por la justicia vindicativa de Dios. (Idem, pág. 415)

Y aunque la tradición católica reconocía que en el purgatorio había "un fuego purificador", teólogos modernos interpretan tal fuego, como un deseo ardiente de volver a reunirse con Dios:

Tal vez sea conveniente insistir en la importancia primaria del amor en el purgatorio. El amor retardado en la posesión de la Persona amada (dilación de la visión de Dios) produce sufrimiento, y en ese sufrimiento se purifica. Pensemos en el purgatorio, ante todo, como una purificación del amor. [...] Algunos documentos del magisterio eclesiástico hablan de fuego del purgatorio [...] quizás en el caso del purgatorio no es imposible una interpretación metafórica, que explique la expresión «fuego» como el mismo sufrimiento que procede de la dilación de la visión de Dios. (Pozo, op. cit., pág. 531, 532)

Y en relación a la duración de las almas en el purgatorio, y del purgatorio mismo, Paul Juris, autor evangélico, resume la posición de los teólogos católicos de la siguiente manera:

Del extremo de los que creen que las almas serán retenidas hasta por siglos, hay otros que van al extremo opuesto. Algunos eruditos católicos piensan que en algunos casos, el purgatorio puede ser evitado con la purificación efectuada por la agonía de la muerte de la persona cuando es aceptada con amorosa resignación a la voluntad de Dios. (The Other Side of Purgatory. Paul Juris. Maple Grove, Minnesota: Nystrom Publishing Company, 1981, página 29)

La Iglesia Católica solo se atreve a afirmar categóricamente que el purgatorio dejará de existir después del juicio final, porque solo quedarán el cielo y el infierno.

Vemos, pues, que hay muchas "lagunas" en la enseñanza de esta doctrina, que debería hacer meditar a cuántos en ella confían, ya que de ello depende el destino eterno de su alma.

La Refutación de la Enseñanza del Magisterio y la Tradición

Las bases de toda doctrina católica son las mismas expuestas aquí para la doctrina del purgatorio. La Tradición, para la Iglesia Católica, tiene tanta o más autoridad, que las Sagradas Escrituras mismas. También consideran que una buena razón para apoyar una doctrina es si ésta es lógica, y si otras religiones del mundo tienen una idea similar.

En cambio, los verdaderos cristianos, a través de los siglos, siempre han insistido en que toda doctrina debe tener exclusivamente un apoyo bíblico, y que lo que el "Magisterio" y la tradición tengan que decir al respecto, deben evaluarse y recibirse o rechazarse, en base a las Escrituras. Para ser honestos, los cristianos bíblicos tenemos tradiciones que nos han llegado desde los primeros años, pero son buenas tradiciones. Se observan, no por el hecho mismo de que sean tradiciones, sino porque tienen sólida base escritural, o por lo menos, si no están claramente delineadas en la Biblia, por lo menos no violan algún principio o mandamiento específico de la misma.

De manera que la Tradición y el Magisterio no se deben rechazar meramente por ser eso. Aun los protestantes y demás cristianos tienen en honra al Magisterio y tienen respeto por las buenas tradiciones. Pero todo ello debe pasar la prueba de fuego de ser cien por ciento escritural.

Las doctrinas divinas no están sujetas a la especulación u opinión humanas; y por lo mismo, no se definen por lo que la mayoría opine, como en la política; ni siquiera porque la emita un erudito, o padre de la Iglesia.

Dios no se puede contradecir. Si, en efecto, como asegura la Iglesia Católica, el magisterio y la tradición tienen tanta autoridad que las Escrituras, y que para Dios lo mismo es haber revelado Su palabra a profetas de antaño, que continuar dando a "Su" Iglesia a través del magisterio; entonces es absolutamente indispensable que, para que esas nueva revelaciones puedan ser tomadas como verdaderas, deben coincidir en un cien por ciento con la otra revelación ya establecida por Dios en Su Palabra, la Biblia.

La manera en que los profetas del Antiguo Testamento eran probados, era si su profecía se cumplía. No se tomaba su palabra ciegamente, solo porque él se decía profeta de Dios.

"Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma." (Deuteronomio 13:1-3)

Esto es lo que parecen implicar las citas del magisterio y la tradición dadas arriba; a saber: que por el hecho de que tal o cual "San Fulano de Tal" lo dijo, así deba de ser, y luego, a buscar algún justificación bíblica. En el Nuevo Testamento, ni siquiera el apóstol Pablo se libró de pasar por esa prueba, pues cuando llegó a predicar el evangelio a los de Berea, "recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así." (Hechos 17:11)

La Biblia es la regla que mide la doctrina de la Iglesia, y no la Iglesia la que mide qué porción de la Biblia debe ser creída, y complementada con otras fuentes para aparecer como la auténtica Iglesia de Cristo.

Dios no se contradice, si lo que dice el magisterio y la tradición es de Dios, debe haber suficiente base bíblica para confirmarlo; y tal no es el caso con la doctrina del purgatorio. Nos proponemos presentar las pruebas bíblicas más adelante.

La Refutación de la Razón y la Lógica como Fundamentos de la Doctrina

Para la mente honesta, despierta la sospecha de que la Iglesia Católica, en su afán de apoyar una enseñanza claramente anti-escritural, tenga que recurrir a la lógica y razón humanas; o peor aún, a lo que otros pueblos paganos han creído al respecto. Reproducimos nuevamente parte de aquella cita:

"El argumento se ve confirmado por las tradiciones religiosas de muchos pueblos, egipcios, persas, babilonios, que hablan de diversas sanciones después de la muerte y antes de la felicidad celestial." (Garrigon-Lagrange, op. cit., pág. 234)

En primer lugar, la mente humana no solamente no puede captar la verdad divina, sino que en muchas ocasiones, hasta va en contra de ella. De manera que no podemos aceptar o rechazar como verdad divina lo que la lógica y la razón humanas nos dicten; porque entonces se convierte la mente humana en la regla que determina qué parte de Biblia es verdad y qué parte no lo es. Más bien, la Biblia es la que dirije y juzga la mente humana para que reciba la verdad divina, la cual, en la mayoría de las veces no es lógica. Dice la Escritura:

"Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón." (Hebreos 4:12)
"Jehová conoce los pensamientos de los hombres, que son vanidad." (Salmo 94:11)
"Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá." (Prov. 19:21)

En segundo lugar, ¿tiene el cristiano, con su firme fundamento en la Palabra de Dios, que recurrir a los pueblos destruídos por Dios por su paganismo, para corroborar si tal o cual doctrina es divina? En el Antiguo Testamento, fue precisamente este pecado, de imitar a naciones paganas, lo que trajo el juicio de Dios sobre la nación de Israel.

En todas las Escrituras hebreas no se encuentra ni la más mínima insinuación de algo que remotamente se asemeje a la herética idea del purgatorio católico. Si acaso el único texto sea 2 Macabeos 12, que como ya se ha establecido, no es parte del canon hebreo; y aun si lo fuera, su contexto inmediato parece refutar, mas bien que apoyar, la idea católica de un lugar intermedio purificador.

Al menos hay sinceridad en este aspecto de parte de los teólogos católicos; a saber: que tomaron esta práctica de los pueblos paganos egipcios, persas y babilonios.

La Enseñanza y Refutación Bíblica del Purgatorio

De Acuerdo con la Iglesia Católica

Algunos protestantes han argüído que la Biblia no enseña la doctrina del purgatorio, porque la palabra ni siquiera se menciona en toda la Biblia. En honor a la verdad, tampoco se menciona la palabra "trinidad", y sin embargo, los mismos protestantes referidos (así como los cristianos fundamentales) creen en dicha doctrina como contenida en esencia en las Escrituras ¿Podría decirse lo mismo de la doctrina católica que nos ocupa? Como pruebas bíblicas de la enseñanza de las Escrituras, la Iglesia Católica ofrece los siguientes pasajes (Todos estos pasajes se citan, tal y como son citados en Teología de la Salvación. Enfasis en el original):

Del Antiguo Testamento citan a 2 Macabeos 12:41-46, que dice:

Todos bendijeron al Señor, justo juez, que descubre las cosas ocultas. Volvieron a la oración, rogando que el pecado cometido les fuese totalmente perdonado; y el noble Judas exhortó a la tropa a conservarse limpios de pecado, teniendo a la vista el suceso de los que habían caído, y mandó hacer una colecta en las filas, recogiendo hasta dos mil dracmas, que envió a Jerusalén para ofrecer sacrificios por el pecado; obra digna y noble, inspirada en la esperanza de la resurrección; pues si no hubiera esperado que los muertos resucitarían, superfluo y vano era orar por ellos. Mas creía que a los muertos piadosamente les está reservada una magnífica recompensa. Obra santa y piadosa es orar por los muertos. Por eso hizo que fuesen expiados los muertos, para que fuesen absueltos de los pecados.

Y del Nuevo citan a Mateo 12:31-32; Lucas 12:47-48; 2 Timoteo 1:16-18; y 1 Corintios 3:10-15. Tales pasajes se reproducen y analizan más adelante.

Esta es la base bíblica propuesta por la Iglesia Católica

De acuerdo con los Cristianos fundamentales

Los cristianos fundamentales, a través de toda la historia, han sostenido que no hay pasajes de la Escritura que enseñen la doctrina del purgatorio; y la interpretación de estos pasajes arriba citados, se presenta más adelante.

Los protestantes, en cambio, a partir de sus comienzos, fueron acercándose cada vez más a la doctrina fundamental, y desde entonces (siglo XVI) se han enfrascado en debates con los católicos sobre estos pasajes de la Escritura.

Las refutaciones de enseguida no son necesariamente las de los protestantes, sino las que demanda una correcta interpretación de las Escrituras, para que no se deduzca de esto, que nosotros estamos tomando una postura parcial en favor de un grupo determinado.

2 Macabeos 12:41-46

Ya en otra edición de APOLOGIA demostramos con pruebas contundentes, que éste, y los demás libros apócrifos, no merecen estar en el canon bíblico, que ha sido precisamente el sostenimiento, por estos libros, de la enseñanza católica, lo que orilló a la Iglesia Católica a incluir en SU canon, en forma definitiva, dichos libros.

Pero aun en el caso de que este libro perteneciera al canon bíblico, ¿enseña este pasaje (12:41-46) que exista un lugar a donde se van a purgar las culpas no arrepentidas, antes de la entrada definitiva al cielo?

Analicemos el pasaje:

Los versículos anteriores, o sea 38-40, ayudan a aclarar el contexto inmediato del pasaje; dicen a la letra:

Judas, después de reorganizar el ejército, se dirigió hacia la ciudad de Odolam. Como era fin de semana, se purificaron y celebraron allí el sábado. Al día siguiente, buscaron a Judas para ir a recoger los cuerpos de los muertos y a sepultarlos con los suyos en los sepulcros de sus padres. Bajo la túnica de cada muerto encontraron objetos consagrados a los ídolos de Jamnia, prohibidos por la Ley a los judíos. Comprendieron entonces por qué ésos habían muerto. (2 Mac. 12:38-40, La Biblia Latinoamericana)

1. ¿A dónde van los que mueren con pecados mortales? ¿Por qué murieron los soldados? Por idolatría. Por haber violado un claro mandamiento en las Escrituras contra las imágenes y la idolatría (Exodo 20:2-5 y Deut. 7:25, 26). Y es interesante notar en el versículo 41 que todos estuvieron de acuerdo, que el Señor era juez justo, por haber revelado y castigado esas cosas ocultas. Tal fue su admiración de lo que presenciaron, que rogaron al Señor para que los pecados de esos soldados fueran perdonados (otras versiones católicas dicen "olvidados"). Judas, luego, exhortó a los demás soldados a aprender la lección, y no cometer el mismo pecado (de idolatría).

La Iglesia Católica considera el pecado de la idolatría como un pecado mortal; entonces, de acuerdo con el dogma católico, ¿a dónde debían ir tales soldados idólatras? directo al infierno, pues, según la misma iglesia, en el purgatorio solo están las almas cuyos pecados "veniales" no fueron expiados en esta vida.

De modo que aún si este libro fuera inspirado, mas bien 2 Macabeos 12:41-46 parece contradecir una doctrina cardinal de la Iglesia Católica. Pues los soldados equivocadamente estarían rezando por almas que están en el infierno.

2. ¿Puede alguien cometer pecado mortal y, aun así, morir en gracia de Dios? Aquí, en 2 Macabeos 12:41-46, parece haber una contradicción. El versículo 41 dice que "todos bendijeron al Señor juez justo, que descubre las cosas ocultas"; o como dice la Biblia Latinoamericana: "Todos se admiraron de la intervención del Señor, justo juez que saca a luz las acciones más secretas." Y en el versículo 45 dice que "a los muertos piadosamente" (o "los que mueren en gracia de Dios"; Biblia Latinoamericana), les espera una valiosa (magnífica) recompensa. Véala como la quiera ver, nadie puede concluir lógicamente que alguien que ha sido matado por Dios mismo por el pecado mortal de la idolatría, murió de manera piadosa, o en gracia de Dios. De manera que, aunque a Judas y a los demás judíos con él, les haya parecido "obra santa y piadosa" hacer una colecta y orar por aquellos muertos, no se puede evadir aquí la contradicción expuesta. Tal inconsistencia no se percibe en los verdaderos libros inspirados del canon judío (nuestro Antiguo Testamento), y esa es la razón por lo que ellos, los judíos, dejaron éste y los demás libros apócrifos fuera de su canon.

3. ¿Cómo prescriben las Escrituras que se deben hacer sacrificios por los pecados? 2 Macabeos 12:46 dice que Judas hizo la colecta para mandarla a Jerusalén (note que no la mandó a Roma), para hacer sacrificio por los muertos. En primer lugar, en los libros de Deuteronomio y Levítico, en donde están bien delineados los preceptos concerniente a los sacrificios, no se menciona que jamás se deba hacer sacrificio por los muertos, sino solo por los vivos. En segundo lugar, nunca los sacrificios prescritos mencionan el dinero como el elemento de sacrificio, sino solamente animales, cuya sangre, al ser derramada, hacía expiación por los pecados de los vivos. Levítico 17:11 dice: "Porque la vida del ser mortal está en su sangre, y yo les di la sangre como un medio para rescatar su propia vida, cuando la ofrecen en el altar; pues la sangre ofrecida vale por la vida del que ofrece" (Biblia Latinoamericana). Por último, como se señala en la cita bíblica anterior, los sacrificios se ofrecen personalmente, mientras están vivos, en al altar, no a control remoto, después de muertos.

4. ¿Creer en una doctrina bíblica justifica creer en una que no lo es? Dice el versículo 44 del pasaje en cuestión: "Pues si no hubieran creído que los compañeros caídos iban a resucitar, había sido cosa inútil y estúpida orar por ellos." Cierto, la Biblia habla de la resurrección; pero es una doble resurrección: una para salvación, y otra para condenación:

Muchos de los que duermen en el Renglón del Polvo se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el horror y la vergüenza eterna (Daniel 12:2).

No se asombren de esto: llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán mi voz. Los que hicieron el bien saldrán y resucitarán para la vida; pero los que obraron el mal resucitarán para la condenación.(Juan 5:28-30).

Lo que estos ingenuos judíos, deliberada o ignorantemente, pasaron por alto, es que aunque esos muertos sí habrían de resucitar, su resurrección no era para vida eterna, sino para condenación; pues los pasajes que se acaban de citar de la misma Biblia católica claramente dicen que los que hicieron lo malo resucitarán para condenación eterna; y ya vimos que Dios mató a esos soldados, no por hacer algo bueno, sino algo malo; y todos estuvieron maravillados y de acuerdo con lo que Dios había hecho de quitarles la vida. De modo que el hecho de que alguien crea en la doctrina de la resurrección no obliga a Dios a que resucite a quienes hicieron lo malo para vida eterna, ni mucho menos justifica el orar por ellos.

5. ¿En qué parte de este pasaje se menciona, o aun sugiere la idea del purgatorio? La sanción de que "obra santa y piadosa es orar por los muertos", a la luz del mismo contexto del pasaje, refleja que en realidad, dicha práctica no es santa, ni mucho menos noble. Si lo fuera, encontraríamos fuerte evidencia en el resto de las Escrituras (en las verdaderas Escrituras) de que esto es así; más bien, lo opuesto es cierto. Existe un absoluto silencio en cuanto a lo "santo" y "noble" de orar por los muertos. Pero aun si lo fuera, ¿prueba ello la existencia de un lugar intermedio entre el cielo y el infierno a donde van las almas de los que cometieron pecados "veniales"? ¿Qué demuestra este pasaje de la validez del pago de las indulgencias, o de las misas ofrecidas (con sus respectivos pagos, por supuesto), en favor de los muertos como es la práctica moderna católica? ¿Qué se puede deducir aquí del tiempo que pasan los que van a ese supuesto lugar? ¿O de la naturaleza de la "purga" de sus pecados? ¿Existe un fuego literal, o ese fuego representa solamente un vivo deseo de estar con Dios? ABSOLUTAMENTE NADA DE ESTO SE PUEDE DEDUCIR DE ESTE PASAJE APCRIFO, y nótese que éste es el único pasaje reconocido por los mismos teólogos católicos, que más explícitamente habla del purgatorio.

Mateo 12:31-32

El texto a la letra dice (versión católica):

Por esto os digo: todo pecado y blasfemia les será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. Quien hablare contra el Hijo del hombre será perdonado; pero quien hablare contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este siglo ni el venidero.

Royo Marín, teólogo católico citado arriba, lo exegeta (analiza) como sigue:

La exégesis católica tradicional ha vista en estas palabras de Jesucristo una clara alusión al purgatorio, al menos de una manera indirecta. Porque, al decir que la blasfemia contra el Espíritu Santo no se perdona ni en este mundo ni en el otro, deja claramente entender que hay otra clase de pecados que se perdonan, al menos, en la otra vida. Pero en el otro mundo no se da perdón de los pecados en el infierno ni en el cielo, como es obvio; luego tiene que haber otro tercer lugar o estado, que es, cabalmente, el purgatorio. (Royo Marin, op. cit., pág. 406)

A lo que respondemos que:

1. Cristo está advirtiendo a los fariseos que lo acusaban de echar fuera demonios con el poder de Beelzebú; atribuyendo así, el poder del Espíritu Santo a Satanás, que tal acción es una acción que no puede ser perdonada de ninguna manera; ni en la actualidad, ni en el futuro; para que no anhelaran que de alguna forma Dios pudiera perdonar tal blasfemia. En otras palabras, Cristo Jesús solo está enfatizando la imposibilidad de que ese pecado pueda ser jamás perdonado.

2. La Biblia, como cualquier otro texto, utiliza el lenguaje con toda su belleza, y con los artificios literarios que elevan la calidad del texto. Tal es el caso de hipérboles, símiles, parábolas, etc. De manera que no se puede concluir, ni "claramente" ni oscuramente, que este pasaje enseñe que hay pecados que puedan ser perdonados en la otra vida. Simplemente está afirmando que el pecado de blasfemia en cuestión, jamás será perdonado; ni aquí, ni en otro lugar, aunque alguien tuviera tal esperanza; y podríamos añadir, y en el supuesto caso de que hubiera pecados que pudieran ser perdonados en la otra vida. Por otro lado, la Biblia claramente (aquí sí) establece que: "Está establecido, para los hombres, que mueran una sola vez, y después de esto, el juicio." (Hebreos 9:27)

3. La palabra que en la Biblia católica se traduce "mundo" viene de la palabra griega aión, que significa "edad", "era", "siglo"; y que aunque en otras porciones del Nuevo Testamento sí se traduce como "mundo", aquí se traduce mejor como "siglo", tal como lo hace la Reina-Valera.

Lucas 12:47-48

El pasaje dice:

Ese siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no se preparó ni hizo conforme a ella, recibirá muchos azotes. El que, no conociéndola, hace cosas dignas de azotes, «recibirá pocos». A quien mucho se le da, mucho se le reclamará, y a quien mucho se le ha entregado, mucho se le pedirá (Versión Católica).

Y la consecuente exégesis católica:

¿No puede interpretarse como un índice de que, en el juicio de Dios, hay un castigo que no es precisamente el de la condenación eterna? Nos parece que la deducción es lógica y sencilla, sin que tenga que violentarse ni poco ni mucho el texto. (Idem, pág. 406)

Este pasaje es una parábola en la que el Señor está simplemente enseñanza sobre la responsabilidad de administrar correctamente lo poco o mucho que le es encomendado a una persona, y lo justo que es el Señor en demandar respectivamente lo correcto.

No debemos olvidar que la correcta hermenéutica bíblica enseña que en una parábola existe sólo una verdad central, y que no se debe "deducir" doctrinalmente nada, fuera de esa verdad central, para no incurrir en errores crasos como éste.

2 Tim. 1:16-18

Este pasaje dice:

Haga el Señor misericordia a la familia de Onesíforo, porque muchas veces me ha aliviado y no se avergonzó de mis cadenas, antes, estando en Roma, me buscó solícito para hallarme. «El Señor le dé hallar misericordia en aquel día cerca del Señor».

Y su respectiva interpretación católica:

La expresión «a la familia» de Onesíforo --que vuelve a aparecer al final de la epístola (4,19)-- parece indicar claramente que el propio Onesíforo había ya muerto cuando el Apóstol escribía esta carta. La oración hecha al Señor en su favor significaría en este caso el sufragio de los vivos por los muertos. Así lo interpretan muchos teólogos y exegetas contemporáneos. (Idem, pág. 406)

Para refutar tal barbaridad de interpretación, baste decir que no se necesita ser ni teólogo, ni exégeta (sea lo que sea que ello signifique) para darse cuenta de que se necesita mucha imaginación para deducir tan "claramente" tal disparate. Sólo un testigo de Jehová podría superar tan descabellada ocurrencia, que Onesíforo ya había muerto, y que las oraciones de su familia ayudarían su alma en el purgatorio.

1 Cor 3:10-15

El texto bíblico dice:

Cada uno mire cómo edifica, que, cuanto al fundamento, nadie puede poner otro sino el que está puesto, que es Jesucristo. Si sobre este fundamento uno edifica oro, plata, piedras preciosas o maderas, heno, paja, su obra quedará de manifiesto, pues en su día el fuego lo revelará y probará cuál fue la obra de cada uno. Aquel cuya obra subsista recibirá el premio, y aquel cuya obra sea consumida sufrirá el daño; «él, sin embargo, se salvará, pero como quien pasa por el fuego»

Y su respectiva interpretación católica:

«El purgatorio no lo menciona explícitamente San Pablo. Con todo, en su primera a los Corintios, o le menciona implícitamente o por lo menos establece los principios de los cuales se deduce lógicamente la existencia del purgatorio o de las penas temporales en la otra vida. [...]

«De estas afirmaciones de San Pablo se desprende una conclusión: luego después de esta vida terrena se dan castigos temporales impuestos por faltas no graves. Los castigos escatológicos de que habla el Apóstol no son, ciertamente, el purgatorio; pero de lo que él afirma, ¿no podemos nosotros colegir lógicamente la existencia del purgatorio?» (Palabras del P. Bover, citadas por Royo Marín en la obra ya citada, página 407)

Este es el último pasaje, y el más contundente del Nuevo Testamento, propuesto por la Iglesia Católica, donde supuestamente se enseña con toda claridad la doctrina del purgatorio; y aun a pesar de ello, el padre (¿de cuántos?) Bover reconoce que Pablo no lo menciona explícitamente; si acaso implícitamente, o por lo menos que establece los principios de los cuales se deduce "lógicamente" (ahí va esa palabra otra vez) la existencia del purgatorio.

Se podría aceptar que el escritor sagrado estuviera sugiriendo, o insinuando, o aludiendo al purgatorio, siempre y cuando esta doctrina estuviera claramente expuesta en otra porción de la Biblia; y ya vimos que eso no es así.

Lo que Pablo está advirtiendo a los creyentes de Corinto es que tengan cuidado que: 1) Edifiquen sobre el fundamento que puso Dios, el cual es Cristo, y no el apóstol Pedro; 2) Que tengan cuidado cómo edifican, o sea, la calidad de sus obras; y 3) Que no se conformen al hecho de que son salvos para "dormirse en sus laureles", porque sí serán salvos, "aunque así como por fuego", o como dice la versión católica: "como quien pasa por el fuego". Estos eventos ocurrirán en el Tribunal de Cristo (2 Cor. 5:10), no en el purgatorio, y la salvación no estará allí en cuestión.

Esta última frase da también una clave de interpretación, porque dice "aunque así como por fuego". La palabra clave es como. No dice que será salvo por fuego, sino como por fuego. De manera que no es una declaración contundente de que la persona será salva por fuego, ni mucho menos, sacada del purgatorio.

El hecho de que una iglesia con tantos seguidores como lo es la católica, no encuentra en las Escrituras una prueba contundente para apoyar una de sus doctrinas cardinales, sino que más bien, la doctrina ha tenido que ser expuesta por el "magisterio" y la tradición, debería levantar las cejas de cuantos en ella ciegamente cifran sus esperanzas de salvación.

La Enseñanza Católica de la Justicia de Dios

El teólogo católico, Cándido Pozo, citado anteriormente, "revuelve" (perdón) explica la doctrina de la justificación de la siguiente manera:

Por el contrario, según las definiciones del concilio de Trento, la justicia del hombre, en su aspecto formal, es realmente distinta de la justicia infinita que Cristo tiene como persona divina: «la única causa formal [de la justificación] es la justicia de Dios, no aquella con la cual Él es justo, sino aquella con la cual nos hace justos, a saber, aquella con la cual, agraciados por Él, somos renovados en el espíritu de nuestra mente, y no sólo somos considerados, sino que nos llamamos justos verdaderamente y lo somos, recibiendo en nosotros la justicia, cada uno la suya, según la medid, que el Espíritu Santo distribuye a cada uno según quiere [1 Cor 12,11], y según la propia disposición y cooperación de cada uno» (Denz. 799 [1529]). Nuestra justicia viene de Cristo y de sus méritos, pero es realmente distinta de la justicia que Cristo tiene y por la que Él es infinitamente justo: «Si alguno dijera que los hombres son justificados sin la justicia de Cristo, por la que mereció por nosotros, o que son justos formalmente por esa misma, sea anatema» (Denz. 820 [1560]). [...]

La imperfección de la justicia en el hombre que tiene la gracia santificante no debe concebirse como si a los justificados les faltara algo para merecer la vida eterna. Sin embargo, aunque la imperfección no es tan grande que impida la consecución en cuanto que exija después de la muerte un proceso previo de purificación. (Pozo, op. cit., páginas 518,519).

¿Está claro? ¿No? No se aflija, pocos le han podido entender a ese tipo de lenguaje. Lo resumiremos de la siguiente manera. Lo que quiere decir todo lo anterior, es que sí Dios justifica al pecador, pero no con la justicia de Cristo con la que Él es justo, sino con otra, la que imparte al pecador, a través del Espíritu Santo, basada en la cooperación que el pecador haga para merecer esa justificación. Y si no alcanza a pagar (hacer penitencia) por sus culpas en esta vida, pues es entonces para lo que sirve el purgatorio, para que el pecador termine de hacer penitencia por sus pecados veniales.

Más adelante, el señor Pozo cita el documento del concilio de Trento donde establece que es perfectamente aceptable creer que la justicia impartida por Cristo puede coexistir, y de hecho coexiste con la permanencia de un reato (la falta de penitencia por un pecado que se tiene que cumplir después de la muerte), de la que el hombre tendrá que.purificarse en esta vida, o en la otra.

De modo que la posición de la Iglesia es que no debemos ni soñar que la justicia perfecta de Cristo puede ser imputada al pecador al momento de arrepentirse, sino que se le imputa otra, para añadirla a la justicia que ya tiene el pecador, con la que nace, y que se hace merecedor de ella, "cooperando" con el Espíritu Santo con buenas obras. Y que si muere con culpas de pena temporal no purificados totalmente en esta vida, la gracia imputada de Cristo le auxilia en la otra vida para terminar de purificarse de ella en la otra vida.

Tal enseñanza revela una ignorancia, deliberada o involuntaria, de la enseñanza bíblica de la justificación.

La Enseñanza Bíblica de la Justicia de Dios

La Biblia enseña primeramente que el hombre es pecador por naturaleza, y que no tiene nada, inherente a él mismo, que le auxilie a merecer la vida eterna, ni puede hacer los suficientes méritos para merecerla, aunque se esforzare toda la vida. Dice la Biblia:

Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque. (Eclesiastés 7:20)

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. (Génesis 6:5)

No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. [...] por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. (Romanos 3:10-13,23)

Además, la Biblia no presenta dos clases de gracias de Cristo. Habla solamente de una sola y que es suficiente por sus méritos:

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. (Romanos 3:21-28)

Creer que uno puede complementar a la justicia de Dios, o la gracia de Cristo es creer en la salvación por las buenas obras, y que la obra de Cristo en la cruz es imperfecta. Note cómo en la cita de don Pozo anterior, utiliza un (pre)texto bíblico para apoyar la impartición de la gracia del Espíritu Santo al pecador, y como la netamente doctrina católica de "la cooperación de cada uno" (buenas obras) solo está apoyada en el dogma humano católico, y no en la Palabra de Dios, lo cual ellos señalan como Denz. 799, que es una referencia a los dogmas de la Iglesia Católica. San Pablo concluye, en la cita bíblica anterior, que el hombre es justificado por fe sin las obras de ley, ¿porqué hemos nosotros de hacer lo contrario?; pues como él mismo escribe a los Gálatas por inspiración del Espíritu Santo:

No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley [buenas obras] fuese la justicia [justificación, perdón, salvación], entonces por demás murió Cristo. (Gálatas 2:21)

La Enseñanza Bíblica de la Segunda Oportunidad

Suena drástico, pero así es. No hay segunda oportunidad después de la muerte. Toda oportunidad de salvación, Dios en su gracia y bondad, se las ha dado a todo ser humano sin excepción, aun a aquellos que viven en los lugares más remotos del planeta.

La mente humana perversa, no ejercitada en la verdad de la justicia de Dios, le hace pensar que Dios no debe ser tan malo para mandar a nadie directo al infierno, o que no pueda dar otra oportunidad de salvación en ultratumba, o que no será tan compasivo como salvar a todo mundo, incluyendo a Satanás, como enseña el universalismo. Todo esto puede parecer perfectamente lógico a la mente humana. Pero la Palabra de Dios dice algo completamente diferente; lo que ellos llaman "justicia" la Biblia lo llama de otra manera:

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; [...]

Pues habiendo conocido a Dios, no le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. (Romanos 1:18,21-25)

Cualquier parecido entre lo que describe este pasaje, y la Iglesia Católica, no es mera coincidencia.

Además, dice la Biblia que "está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). No hay reencarnación, no hay segunda oportunidad, no hay purgatorio. La Biblia aun menciona el caso de Esaú, quien vendió su primogenitura por un plato de lentejas, y que "deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas". (Hebreos 12:7)

Otro aspecto que pasa por alto el sistema católico de la justicia, es que Dios no perdona los pecados de un pecador, por los méritos de otro. La Biblia dice que "El alma que pecare, esa morirá. El hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él." (Ezequiel 18:20) No hay suficientes sufragios, ni suficientes misas que se puedan ofrecer por los muertos ya partidos. Porque además, el don de Dios no se compra con dinero (Hechos 8:20); porque si así fuera, entonces los más ricos son los que tendrían más esperanzas de salir del purgatorio. ¿Qué clase de Dios sería ese, que establece un sistema elitista, en el que se beneficien más los que tienen más?

Conclusión

No hay manera de sostener una doctrina como el Purgatorio. Por lo menos no con la Biblia; sea la "protestante" o la católica. Tiene que basarse en lo que otros hombres han enseñado, y no por el Espíritu Santo, de lo contrario, sus enseñanzas estarían cien por ciento apoyadas por las Escrituras.

Esto no es una crítica desconsiderada y maliciosa contra nadie. Es un sonar de la trompeta de alerta para que aquellos que cifran sus esperanzas de salvación en una segunda oportunidad, se den cuenta que la oportunidad, u oportunidades, todas las da Dios en esta vida, y que después de esta vida solamente espera el juicio. Esto es una defensa de la verdad de Dios en su Palabra.

Ha habido en el pasado mucha controversia sobre la doctrina del purgatorio entre católicos y protestantes; pero la Iglesia Católica y Satanás han sido exitosos en silenciar a los evangélicos en su denuncia de los abusos de la Iglesia Católica.

Solamente queremos nosotros advertir que la Iglesia Católica es la misma, que no está cambiando, y que la única manera que cambiara es que volviera a los fundamentos enseñados por Cristo y sus apóstoles; y en el momento que eso hiciera, dejaría entonces de ser la Iglesia Católica.

¿Por qué no, más bien, pone usted su confianza en Cristo para su salvación, y no en hombres o iglesias? Cristo murió en la cruz por usted. Él ya pagó el precio de su salvación para que usted no vaya ni al infierno, ni al purgatorio, sino al cielo. Acéptelo hoy en su corazón, y permítanos regocijarnos con usted por ello. Escríbanos a nuestra dirección hoy mismo.

 
Siguiente >