1.- El poder en el hombre. El poder en el hombre está encerrado dentro de límites muy estrechos. Podemos cambiar la corriente de nuestros pensamientos, o fijar la atención en un objeto particular, o podemos mover a voluntad los músculos de nuestro cuerpo. Más allá de esto no puede ir nuestro poder directo. Para todos los otros efectos tenemos que valernos del uso de medios. No podemos dar existencia a un libro por la voluntad, ni a un cuadro ni a una casa. La producción de estos efectos demanda la labor prolongada y el empleo de diferentes medios. 2.- La omnipotencia divina. Nosotros, dentro de límites muy estrechos, tenemos que emplear medios para llegar a nuestros fines, pero para Dios los medios son innecesarios. El quiere y es hecho. El dijo; "Sea la luz; y fue la luz" (Gn 1:3). El por una volición, creó los cielos y la tierra. De igual manera, a la volición del Señor Jesucristo, los vientos cesaron y hubo gran calma (Mc 4:39). Por un acto de voluntad él sanaba a los enfermos (Mc 1:41); multiplicaba panes y peces (Mt 15:32-38). A su palabra los muertos resucitaban (Jn 11:43) y los demonios obedecían (Mc 5:1-13). Esta sencilla idea de la omnipotencia de Dios, que él puede hacer, sin esfuerzo alguno, por una volición, todo lo que quiere, es la más elevada idea de poder que se pueda concebir, y es la que se presenta claramente en las Escrituras. 3.- El Dios Todopoderoso. La palabra "Todopoderoso" se usa solamente para Dios en la Biblia, en la cual se halla cincuenta y ocho veces, y es la base para el concepto de la omnipotencia: (Gn 17:1; 28:3; 35:11; 43:14; 48:3; 49:25) (Ex 6:3) (Nm 24:4; 24:16) (Rut 1:20; 1:21) (Job 5:17; 6:4; 6:14; 8:3; 8:5; 11:7; 13:3; 15:25; 21:15; 21:20; 22:3; 22:17; 22:23; 22:25; 22:26; 23:16; 24:1; 27:2; 27:10; 27:11; 27:13; 29:5; 31:2; 31:35; 32:8; 33:4; 34:10: 34:12; 35:13; 37:23; 40:2) (Sal 68:14; 91:1) (Is 13:6) (Ez 1:24; 10:5) (Joe 1:15) (2 Cor 6:18) (Ap 1:8; 4:8; 11:17; 15:3; 16:7; 16:14; 19:6; 19:15; 21:22). Algunas citas que nos darán una idea sobre el poder de Dios: (Gn 17:1) "Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso". (Jer 32:17) "¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti". (Sal 89:6-13) "Porque ¿quién en los cielos se igualará a Jehová? ¿quién será semejante a Jehová entre los hijos de los potentados? Dios temible en la congregación de los santos, y formidable sobre todos los que están alrededor de él. Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres Jehová, y tu fidelidad te rodea. Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus ondas tú las sosiegas.... Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra". (Sal 115:3) "Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho". (Sal 135:6) "Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos". (Ap 4:8) "Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir". (Ap 5:12) "El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder..."; (7:12) "La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén". (1 Pd 5:6) "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo". En (Hab 3:5-6) hallamos una gran riqueza de imágenes que demostrarían la grandeza de este poder: "delante de su rostro iba mortandad, y a sus pies salían carbones encendidos. Se levantó y midió la tierra; miró, e hizo temblar las gentes; los montes antiguos fueron desmenuzados, los collados antiguos se humillaron". Pero, en contra de lo que cabría esperar, Habacub dice que "allí estaba escondido su poder" (Hab 3:4). Todo lo que el profeta había visto, lejos de ser una manifestación de poder, era una ocultación del mismo. 4.- Jehová de los Ejércitos. Viene a ser una metáfora militar para hacer ver que Dios dispone de recursos infinitos para la consecución de sus propósitos, y que el triunfo último es seguro. Este título merece mención especial, ya que se presenta muy matizado en el Antiguo Testamento. Como tal Dios es: El Guiador de las huestes de los astros y de los sistemas solares (Is 40:26; 45:12) (Jue 5:20) (Job 38:7). El Caudillo de todas las fuerzas de las esferas angélicas (1 Ry 22:19)(2 Ry 6:17)(Jos 5:13-15) (Neh 9:6)(Sal 103:21; 148:2). El Capitán de todos sus guerreros que luchan aquí abajo en la tierra (1 Sam 17:45) (Nm 10:36). Como "Jehová de los Ejércitos", Dios dirige los movimientos de todas sus huestes, de tal forma que no sólo lleva a su pueblo adelante en triunfo, sino que también ordena la consumación de su Reino. Por eso, después del cautiverio babilónico, "Jehová de los Ejércitos" vino a ser el nombre divino que más se empleaba por los profetas: 80 veces por Jeremías, 14 por Hageo, 50 por Zacarías y 24 por Malaquías. Para el pequeño remanente que volvió de Babilonía, nacido en medio de suma debilidad y angustia, fue muy confortador el hecho de reconocer a Dios como "Jehová de los Ejércitos". Les aseguraba que el Señor, Jefe invisible de las potencias celestiales, aun llevaría a su pueblo a la meta determinada, destacándose también como la causa divina de la victoria final. Paralelamente encontramos la traducción griega de este título (pantokrator = todopoderoso) unas nueve veces en el Apocalipsis (Ap 1:8; 4:8; 11:17; 15:3; 16:7,14; 19:6,15; 21:22), puesto que éste es precisamente el libro que describe tan gráficamente la más terrible angustia del pueblo de Dios en la lucha contra el poder del mundo con su brillante triunfo final sobre todas las huestes anticristianas. De este modo, el título de "Jehová de los Ejércitos" llega a ser la expresión más elocuente y amplia de su poder universal, el Nombre majestuoso y real que da a conocer al Dios Altísimo, según las poéticas palabras del salmista: "Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria" (Sal 24:9-10). 5.- Expresiones de confianza en el poder de Dios. a.- "Jehová Nisi". (Ex 17:15) "Jehová es mi estandarte". El título es una confesión de la flaqueza de todo esfuerzo humano aparte de la guía del Señor, quien, ensalzado en medio de su pueblo fiel, asegura la victoria. b.- "El Fuerte de Israel (Jacob)". Es Aquel en quien Israel puede confiar y descansar, en contraste con las arenas escurridizas de los ídolos o de Egipto... (Gn 49:24) (Is 1:24)(Is 30:29) (Is 60:16). c.- "La Roca de Israel", "La Roca", "Mi Roca", "Mi Roca fuerte". (Gn 49:24) (Dt 32:4,15,18,30,31) (2 Sam 22:2,32,47) (2 Sam 23:3) (Sal 18:2,31,46) (Sal 19:14) (Sal 28:1) (Sal 31:2,3) (Sal 42:9) (Sal 62:2,6,7) (Sal 71:3) (Sal 73:26) (Sal 89:26) (Sal 94:22) (Sal 95:1) (Sal 144:1) (Is 17:10) (Hab 1:12). d.- "Fortaleza mía". (Ex 15:2) (2 Sam 22:2) (Sal 18:2) (Sal 22:19) (Sal 27:1) (Sal 28:8) (Sal 31:2) (Sal 37:39) (Sal 43:2) (Sal 46:1) (Sal 52:7) (Sal 59:17) (Sal 71:3) (Sal 81:1) (Sal 118:14) (Pv 10:29) (Is 12:2) (Is 25:4) (Is 26:4) (Jer 16:19) (Joe 3:16) (Nah 1:7) (Hab 3:19) (Ap 5:12) (Ap 7:12). e.- "Mi refugio", "Mi alto refugio", "Mi fuerte refugio". (Dt 33:27) (1 Sam 2:2) (2 Sam 22:3) (Sal 9:9) (Sal 31:4) (Sal 32:7) (Sal 46:7,11) (Sal 48:3) (Sal 59:16,17) (Sal 61:3) (Sal 62:2,6,7,8) (Sal 71:7) (Sal 78:35) (Sal 90:1) (Sal 94:22) (Sal 119:114) (Sal 143:9) (Sal 144:2)(Is 17:10) (Jer 16:19) (Jer 17:17). f.- "Escudo". (Gn 15:1) (2 Sam 22:3,31,36) (Sal 3:3) (Sal 5:12) (Sal 7:10) (Sal 18:2,30,35) (Sal 28:7) (Sal 33:20) (Sal 59:11) (Sal 84:9,11) (Sal 91:4) (Sal 115:9,10,11) (Sal 119:114) (Sal 144:2) (Pv 30:5). g.- "Baluarte", "Castillo". (Sal 18:2) (Sal 31:3) (Sal 91:2) (Sal 144:2). 6.- ¿Tiene la omnipotencia divina alguna limitación? La Biblia afirma que para Dios no hay nada imposible (Mt 19:26) (Mc 14:36) (Lc 1:37; 18:27). Para el hombre natural omnipotencia quiere decir "poder sin límites", que puede aplicarse dónde y cómo sea, y se piensa en un dictador que recoge en sus manos todos los resortes del poder de un imperio, obrando luego según sus gustos. Tratándose de Dios, también hemos de comprender "potencia sin límites", pero evidentemente sólo puede obrar según su propia naturaleza, las exigencias de su ser y sus propios atributos. En otras palabras, Dios no puede dejar de ser fiel a sí mismo, de modo que la "omnipotencia" no se derrocha caprichosamente, sino según las "leyes" que corresponden a la naturaleza divina. El poder de Dios no puede alterar su justicia ni ir en contra de su propia santidad, ni cambiar sus propósitos. Así pues, en este sentido sí que hay limitaciones al poder de Dios. Estas limitaciones incluirían las cosas que Dios no puede hacer porque son contrarias a su naturaleza. El no puede mentir (Tit 1:2), no puede ser tentado a pecar (Stg 1:13), no puede negarse a sí mismo (2 Tim 2:13). Sin embargo, no hemos de entender como una limitación a su poder que no pueda hacer lo imposible, como tampoco es limitación de la razón que no pueda incluir lo absurdo, o de la bondad infinita que no pueda hacer el mal. Es contrario a su naturaleza. En lugar de exaltar, degrada a Dios suponer que pueda ser distinto de lo que es, o que pueda actuar en contra de su infinita sabiduría y amor. Así, cuando se dice que Dios es omnipotente porque puede hacer todo lo que quiere, hemos de entender que su voluntad queda determinada por su naturaleza. Pero, desde luego, que no es una limitación de la perfección decir que no puede ser imperfecto. 7.- Potencia absoluta y potencia ordinaria. Por potencia absoluta se significa su eficiencia ejercida sin la intervención de segundas causas. La creación, los milagros, la revelación inmediata, la inspiración y la regeneración, deben atribuirse a la potencia absoluta de Dios. La potencia ordinaria tiene que ver con la eficiencia de Dios según se ejercita uniformemente en la operación ordenada de segundas causas. Dentro de esta clasificación deberíamos incluir todas sus obras de providencia. 8.- ¿Por qué no utiliza Dios su poder para librarnos del sufrimiento, ya que esto correspondería con su carácter bondadoso? Es evidente que las fuerzas del mal se van incrementando más y más. El materialismo, la impiedad, la falta de fe, el pecado y la maldad, el vicio y la malicia aumentan. El mundo ha llegado a ser lo opuesto de todo lo que Dios desea que fuese. Y mientras esto acontece, aparentemente, Dios permanece en silencio e inactivo. Al parecer no hace nada para detener este proceso. La única actividad que parece haber en el mundo es maligna. Aparentemente, Dios ha estado ausente y totalmente desvinculado del curso de los eventos. Todo esto nos lleva inevitablemente a la pregunta que con tanta frecuencia se hace: ¿Por qué permite Dios que tales cosas ocurran? ¿Por qué no interviene? ¿Cómo puede, por así decirlo, ponerse a un lado y no hacer nada, permitiendo que todo lo que tiene valor y es noble sea destruido y desecrado? Ante todo esto se insinúa otra pregunta como la posible respuesta: ¿es impotente Dios? ¿Puede hacer cualquier cosa? Esa es la pregunta que se menciona en (Is 45:9) "¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿qué haces?; o tu obra: no tiene manos?". Como si el barro pudiese decirle al alfarero que no tiene habilidad o poder para moldear y formar una vasija. Así los hombres cuestionan y dudan del poder y la capacidad de Dios para controlar los eventos en el mundo y de escuchar sus oraciones. Consideran que esta cuestión es inevitable. No dudan de que si Dios pudiera detener la maldad y parar la ola de iniquidad lo haría. Debe ser por tanto que el mundo se le ha "escapado de las manos" y está fuera de su alcance para controlarlo y salvarlo. Estos comentarios, u otros similares son frecuentes en cualquier conversación con los incrédulos. Pero debemos decir que las inexorables "leyes de la naturaleza" que operan desafiando al sufrimiento y al desamparo humanos y que no son eliminadas mediante la oración, no proveen un sólido argumento contra la bondad y el poder de Dios. Voy a sugerir que ni aun la misma Omnipotencia podría crear una sociedad de almas libres sin, al mismo tiempo, crear una naturaleza relativamente independiente. La libertad de la criatura tiene que significar libertad para elegir, y la elección implica la existencia de cosas entre las cuales elegir. Quizá podamos imaginar un mundo en el que Dios corrigiese a cada momento los resultados del abuso del libre albedrío de sus criaturas. En tal caso el garrote de madera se volvería blando como la hierba al ser utilizado como un arma, y el aire se negaría a obedecerme si yo intentara poner en marcha ondas sonoras portadoras de mentiras e insultos. Pera tal clase de mundo sería de una naturaleza que haría imposible los actos injustos y en el cual, por consiguiente, el libre albedrío resultaría anulado. Más aun, si este principio fuese llevado a su conclusión lógica, los malos pensamientos resultarían imposibles puesto que la materia cerebral que utilizamos para pensar se negaría a cumplir su función en el momento en que intentásemos concebir tal clase de pensamientos. Así pues, toda la materia situada en las proximidades de una persona malvada estaría sujeta a impredecibles alteraciones. Así pues, si tratásemos de excluir la posibilidad del sufrimiento, que la existencia de voluntades libres implica, nos encontraríamos con que habríamos excluido la vida misma. Pero a riesgo de parecer crueles, vamos a explicar porque el dolor resulta necesario en un mundo como el nuestro. El espíritu humano ni siquiera empezará a tratar de rendir su propia voluntad mientras le parezca que las cosas marchan bien para él. Ahora bien, el error y el pecado tienen ambos esta misma propiedad: que cuanto más profundos son tanto menos sospecha la víctima la existencia de ellos; son males enmascarados. El dolor, en cambio, es un mal desenmascarado, inequívoco; toda persona sabe que algo anda mal cuando ella está sufriendo. Y el dolor no es sólo un mal inmediatamente reconocible sino un mal imposible de ignorar. Podemos descansar satisfechos en nuestros pecados y en nuestras estupideces, pero el dolor insiste en ser atendido. Podríamos decir que el dolor es el megáfono que Dios utiliza para hacer despertar a un mundo sordo. Si la primera y más ordinaria operación del dolor destroza la ilusión de que todo marcha bien, la segunda despedaza la ilusión de que aquello que tenemos, fuere bueno o malo en sí mismo, es nuestro y es suficiente para nosotros. Es difícil dirigir el pensamiento hacia Dios cuando todo marcha bien. "Tenemos todo lo que necesitamos" es una frase terrible cuando ese "todo" no incluye a Dios. Como alguien ha expresado: "tomamos a Dios como el aviador considera a su paracaídas: lo tiene ahí para casos de emergencia, pero él espera no tener que usarlos jamás". Ahora bien, Dios es quien nos ha hecho y, por lo tanto, sabe qué es lo que somos y también sabe que nuestra felicidad reside en él. Sin embargo, el hombre pecador difícilmente buscará esa felicidad en él mientras haya otro recurso que ofrezca alguna posibilidad de buscarla. Mientras eso que llamamos "nuestra propia vida" continúe siendo agradable, no se la entregaremos a él. ¿Qué otra cosa puede Dios realizar en favor nuestro sino hacer que "nuestra propia vida" nos resulte menos agradable eliminando así las posibles fuentes de falsa felicidad? Y es aquí, donde a primera vista, la providencia de Dios parece de lo más cruel. Quedamos perplejos al ver la desgracia cayendo sobre gente honesta, inofensiva, digna: sobre madres de familia capaces y laboriosas o sobre pequeños comerciantes o artesanos que han llevado una vida sobria y de rudo trabajo para tener una modesta porción de felicidad a la cual tienen pleno derecho. Pero Dios, quien hizo a esas dignas gentes, puede realmente tener razón al pensar que la modesta prosperidad de ellos y la felicidad de sus hijos no son suficiente para hacer de ellos seres bienaventurados; que todo eso se les escapará de las manos al final y que si no han aprendido a conocerlo a él serán unos desdichados. Por lo tanto, Dios los inquieta y los turba, advirtiéndoles anticipadamente acerca de una insuficiencia que un día tendrán forzosamente que descubrir. La ilusión de autosuficiencia que padece la criatura tiene, para beneficio de ella misma, que ser destruida. Y mediante padecimientos o mediante temor a padecimientos aquí en el mundo, mediante el temor al fuego eterno, Dios la destruye, sin preocuparse por el deterioro de su propia gloria. Cuando el hombre pregunta: "Si Dios es omnipotente, ¿por qué no interviene para impedir guerras, desastres naturales, enfermedades penosas, etc.?", se olvida de que Dios obra según sus atributos y sus planes. hallándose entre las leyes inalterables de sus operaciones la que el apóstol Pablo expresa de esta manera: "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gál. 6:7). Si el que obra mal fuese librado del fruto de su maldad por la intervención de la potencia de Dios, no sólo dejaría Dios de ser justo, sino que el hombre mismo perdería la posibilidad de aprender las lecciones morales y espirituales que surgen de su experiencia de los juicios de Dios. Lo mismo se aplica a la raza, a las naciones y sociedades. Dios es omnipotente en todo lo que él mismo determina, y eso brota de la naturaleza inalterable de su Ser y de sus atributos. Los momentos de crisis demuestran exactamente qué clase de persona somos en realidad. En tiempos normales, cuando la vida se desarrolla en su curso regular, todos logramos desempeñarnos bien. Adoptamos un cierto standard y determinada actitud hacia la vida, y tenemos suficiente tiempo y tranquilidad para cumplir con esas normas. Observamos las reglas y nos conformamos a las distintas normas reconocidas. Pero un tiempo de crisis nos prueba en un sentido profundo en cuanto a nuestra profesión. La sabiduría del mundo nos recuerda que el verdadero amigo se demuestra en la adversidad. Nuestro comportamiento en tiempo de necesidad, dificultad y crisis proclama lo que en realidad somos. En momentos de tensión y adversidad los hombres y las mujeres instintivamente comienzan a orar. Están conscientes de que su suerte y el destino de sus seres queridos está en manos de poderes más fuertes que ellos. Sienten que no pueden controlar los eventos y las circunstancias como creen poder hacerlo en tiempos normales, de modo que se vuelven a Dios. Hay una tendencia exagerada a pensar sobre lo que Dios debiera hacer. No vacilamos en presumir que lo que nosotros pensamos es lo correcto y por lo tanto, Dios debe hacerlo. En lugar de humillarnos ante él y rogarle por si nos quiere manifestar su voluntad, a menudo casi llegamos a ordenarle a Dios y dictarle lo que debe hacer. 9.- Manifestaciones del poder de Dios. - En la creación (Sal 33:6-9). Esto no requiere ningún esfuerzo para con Dios. La extensión y variedad de sus obras engrandecen el concepto (Job 9:5-10). - En la preservación de todas las cosas (Hb 1:3). La facilidad con que él sostiene, ordena y controla el más poderoso y difícil de los elementos, presenta su omnipotencia bajo un aspecto inefable de dignidad y majestad. En este sentido es importante corregir algunas ideas: algunos han pensado que Dios, habiendo creado el mundo, luego dejó de estar activamente preocupado por él. Dios, decían, había hecho el mundo como un relojero fabrica un reloj y habiéndole dado cuerda, ahora permitía que siguiera andando solo su propio camino. Dios habría terminado con él en el sentido de una activa preocupación y participación. - En la liberación de Israel de Egipto (Sal 114) (Sal 136:11-12). Si por una parte Faraón, rey y "dios" de Egipto, disponía de sus ejércitos, de sus carros de guerra y de sus suministros aparentemente inagotables, por otra parte los hebreos, reducidos a la servidumbre, habían de esperar que su Dios, "el Shaddai", el Omnipotente, que se había revelado a Abraham su padre, interviniera a su favor con poderosos actos que anularan los recursos humanos de sus enemigos. Se trataba de una guerra, pero en este caso las "armas" de los esclavos desvalidos habían de ser la manifestación de la omnipotencia de Jehová su Dios. Por fin la tierra de Egipto quedó destrozada y devastada por medio de una serie de "plagas" o "azotes" que no podían explicarse por meras causas naturales. Por otro lado, la prolongación de la serie de plagas no obedeció ni a capricho ni a necesidad. Por medio de un importante mensaje que dio Dios a Faraón por boca de Moisés (seguimos la traducción más exacta de la VA) "Porque si yo hubiera extendido mi mano y te hubiera herido a ti y a tu pueblo con pestilencia, ya habrías sido cortado de la tierra. Pero en verdad, por esta razón te he permitido permanecer: para mostrarte mi poder, y para proclamar mi nombre por toda la tierra" (Ex 9:15-16). Es decir, Dios habría podido utilizar medios muy expeditivos para anular el poder de Egipto, permitiendo que una pestilencia acabara con la población de una vez y salvando a los hebreos de la plaga. Pero no se trató sólo de liberar a Israel, sino de dar a conocer su poder y su nombre por amplias regiones de lo que nosotros llamamos "el Medio Oriente". - En el regreso del cautiverio (Ez 20:33-34). - En sus juicios (Ez 22:14-16) (Gn 7) (Gn 19:24-28). Las descripciones del poder Divino frecuentemente son aterradoras. Las escenas finales de este mundo completan este concepto transcendental de la majestad y el poder de Dios. Los muertos de todas las edades se levantarán de la tumba al mandato de su voz y el mar dará a los muertos que están en él. Delante de él huirá el cielo y la tierra, las estrellas del cielo caerán y el poder del cielo será conmovido. Los muertos grandes y pequeños, estarán de pié ante Dios, y serán separados como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Los malos serán enviados a la condenación eterna y los justos a la vida eterna. - En las obras del Señor Jesucristo (Mc 6:14) (Jn 3:2) (Hc 2:22) (Lc 24:19). - En la Cruz del Señor Jesucristo (1 Cor 1:18-24). - La demostración más grande de su poder fue la resurrección de Cristo de entre los muertos (2 Cor 13:4) (Ef 1:19-20) (Col 2:12). Cuando la muerte, el infierno y la maldad ejercieron su máximo y total poder contra nuestro Señor Jesucristo, fueron completamente vencidos y derrotados por la manifestación poderosa de su resurrección. - En su Segunda Venida en gloria (Mt 24:30). Como consecuencia, es también cierto que el poder de Dios es eficaz en la derrota de la muerte. - En la salvación de pecadores por el Evangelio (Rm 1:16). - Con la venida del Espíritu Santo a los creyentes (Hc 1:8). - En el cuidado que Dios tiene del creyente (1 Pd 1:5) (Jn 10:27-29) (Ef 1:19) (Ef 3:20) (Fil 2:13) (Jud 24). - En la futura resurrección de los creyentes (1 Cor 6:14). - En los dones que Dios da a la iglesia (1 Cor 12:6-11) (Gal 3:5). - A través de su Palabra (Hb 4:12). 10.- ¿Puede Dios hacer mejor lo que hace? - Dios no puede hacer algo mejor de lo que es, aun cuando puede hacer que una cosa sea mejor que otra. Como tampoco pude hacer que el número cuatro sea mayor, pues ya no sería cuatro, sino otro número. - Cuando se dice que Dios puede hacer algo mejor de lo que hace, si el término mejor es sustantivo, la proposición es verdadera, ya que pude hacer otra cosa mejor que cualquiera de las hechas. Si, en cambio, el término mejor es adverbio y supone modo por parte del que hace, en este sentido Dios no pude hacerlo mejor de lo que lo hizo; porque no se puede hacer con mayor sabiduría y bondad. 11.- Implicaciones prácticas. - ¿Cómo podemos hacer nuestro el poder de Dios? Nos servirá para contestar esta pregunta la experiencia de Abraham. El fue el primero a quien Dios se reveló como el Todopoderoso (Gn 17:1). Pero no lo hizo hasta que Abraham había comprobado la inutilidad de sus propios esfuerzos humanos para conseguir las promesas divinas. Y fue en este punto, cuando ya había perdido toda confianza en sí mismo que Dios se le apareció con estas palabras: "Yo soy el Dios Todopoderoso". El mismo principio es enseñado más tarde por Pablo: (2 Cor 12:9) "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Así pues, recibimos el poder de Dios en la medida en que nos vaciamos de toda confianza en nosotros mismos. Por esta razón hay una bienaventuranza del Señor sobre los "pobres en espíritu" (Mt 5:3). Por lo tanto, su omnipotencia se manifiesta en nuestra impotencia. Así que, es importante corregir el dicho popular que dice: "querer es poder" y cambiarlo por el del Señor Jesucristo: "Al que cree todo le es posible" (Mc 9:23). En este sentido es oportuno el himno de Teresa de Jesús "Quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta". - ¡Bien hace el creyente en confiar en un Dios tal! Nada le es demasiado difícil. Si el poder de Dios fuera limitado, podríamos desesperar, pero viéndole vestido de omnipotencia, ninguna oración es demasiado difícil para impedirle contestarla, ninguna necesidad demasiado grande para impedirle suplirla, ninguna pasión demasiado violenta para impedirle dominarla, ninguna tentación demasiado fuerte para impedirle librarnos de la misma, ninguna aflicción demasiado profunda para impedirle aliviarla: "Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?"(Sal 27:1). "A Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén" (Ef 3:20-21). También nos debe llevar a la confianza, seguridad y valor en él (Gn 17:1-8) (1 Ry 19:9-13) (Esd 8:22) (Job 36:5) (2 Sam 22:33-35) (Sal 18:2; 18:32; 46:1-3; 54:4; 59:17) (Is 12:2; 49:5). - Debería llevarnos a una vida más intensa de oración (Stg 5:16) "La oración eficaz del justo puede mucho". - El incrédulo debería reflexionar que tratar desdeñosamente a Aquel que puede aplastarnos como si fuésemos moscas, es una conducta suicida. Desafiar al que está vestido de omnipotencia, al que puede hacernos pedazos y arrojarnos al infierno, es el colmo de la locura. Y también debería llevar al creyente a una actitud de temor reverente: (Job 37:22-24) "En Dios hay una majestad terrible. El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder; y en juicio y en multitud de justicia no afligirá. Lo temerán por tanto los hombres". - Sin este atributo divino, ¡qué vanos serían los consejos eternos si el poder no interviniera para cumplirlos! Sin el poder, la misericordia no sería más que una débil lástima, sus promesas un sonido vacío, sus amenazas alarmas infundadas.
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